-Estoy aburrido. Hagamos algo: apuesto 400 almas a que ese de ahí se va con la flaca de cabello negro y labial rosado, y no con la aburrida que está al lado -retó el diablo al ángel mientras me veían ir hasta el fondo del bar para ir al baño.
-Dale, la verdad estoy aburrido -respondió el ser celestial sin más- solo para ocupar el tiempo en algo.
-Hola, ¿quieres un trago? -le dije mientras me la imaginaba con labial rosado manchando mi boca-; ¿por qué no vamos a conversar por ahí?
-Perdiste, dame la plata -dijo contento Mefistófeles.
-Está bien, ¿300 almas, no? -respondió el ángel.
-400. No te hagas el vivo -dijo el diablo-; tramposos que son, parecen graduados de mi universidad.
II
-200 almas a favor de que la besa -dijo el Destino que acababa de llegar.
-Tú bien sabes que no puedes jugar -comentó el ángel-; pero yo tomo la apuesta, digo que no se atreve tan pronto ¿vas o no? -le dijo a Satán.
-Dale, vas a volver a perder -respondió este.
-¡Áyala vida! - se lamentó el ángel.
-¡Pagando, pagando! -gritó el diablo riendo, mientras yo, ajeno a cualquiera de mis facultades, iba cayendo por en el abismo de tu boca.
III
-No te conviene, ten cuidado -advertía una voz dentro de mí.
-¡Oye! ¿A dónde vas? -le preguntó el ángel a Belcebú. Hagamos una última apuesta: todo o nada. Todo lo anterior, más $500 adicionales. ¿Te parece?
-Mmm... -lo veía con suspicacia el diablo. Dale, pues.
-Sabes qué, disculpa, me tengo que ir, mañana tengo que salir de viaje muy temprano. Yo te llamo -dije mientras huía de ahí. Sentí algo extraño que me decía que no me convenía.
-¡Perdiste, perdiste! -canturreaba el ángel mientras tomaba sus 1100 almas y salía volando de la escena.
-Oye, oye, ven acá. ¡Tramposo! -vociferaba el diablo, luego de que el Destino le susurró cuál había sido la táctica del ángel-. Parecen graduados de mi universidad - decía entre risas el diablo cuando vio que el ángel no volvería por ahí.