Clásicos en vilo

Cabría entonces que se deje a discreción de la gerencia del hipódromo, en coordinación con la secretaría de carreras, decidir cuándo un evento cumple con los requisitos “competitivos” suficientes como para que se realice.


Finalmente quedaron seis ejemplares inscritos para el clásico Carlos y Fernando Eleta, evento mediante el cual se le pondrá el cerrojo a la triple corona nacional y, de paso, se consolidará la clasificación panameña para el clásico Internacional del Caribe.

Hubo que hacer malabares para concretar un sexto nominado y garantizar con ello la existencia de un mínimo de cuatro apuestas para que se realizara la competencia, en atención a lo dispuesto en la reglamentación de los clásicos.

Se trata de una situación que se ha venido repitiendo de manera cíclica en los últimos años, por lo que se hace necesario una revisión de las condiciones establecidas.

 

Por ejemplo, en las carreras regulares ya se aprobó que al menos dos caballos que pertenezcan al mismo Stud (propietario) pueden competir en llaves separadas para efectos de las apuestas.

En ese sentido, habría que avanzar en las carreras con rango de clásico. A fin de cuentas, es más transparente que los eventos se realicen con los ejemplares que están aptos para correr, en vez de que se produzcan inscripciones oportunistas que, muchas veces, no representan nada.

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En el caso particular del clásico de esta semana, los cinco ejemplares que fueron nominados al principio son muy parejos: Sol de Orión, Señor Ben Hur, The Bullet, Dario Ruth y El Cuentista. ¡Carrerón!

Cabría entonces que, dentro de las disposiciones reglamentarias, se deje a discreción de la gerencia del hipódromo, en coordinación con la secretaría de carreras, decidir cuándo un evento cumple con los requisitos “competitivos” suficientes como para que se realice, sin que haya que hilar tan fino sobre si son o no del mismo dueño o stud.

En teoría lo que se debe “handicapear” es a los caballos y no a los establos que representan. Claro está que si hay dos o tres caballos del mismo dueño, que evidentemente no son parejos, entonces no hay carrera.

 

El episodio que nos ocupa es muy raro; seguramente se repetirá muy poco, porque no es fácil que uno a dos dueños tengan a los mejores caballos de su división (generación), como tampoco es común que no haya otros ejemplares que tengan aspiraciones de enfrentarlos, más cuando se trata de clásicos en donde, además de la bolsa, está en juego el prestigio y la disputa de la supremacía.

Obviamente, que a nadie le agrada que en los clásicos participen pocos ejemplares, pero sí las circunstancias así lo plantean, entonces qué se le va hacer.

El calendario de clásicos se establece con un año de antelación, los propietarios y entrenadores se planifican con base en el mismo, pero nadie puede prever cuál será el estado de salud de los ejemplares cuando llegue la hora de la verdad.

 

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Entonces, no se puede privar de la oportunidad de correr a quienes han tenido la fortuna de llegar, como tampoco se puede poner en vilo los eventos que se dedican a personas que, en su mayoría, representan o representaron pilares importantes para la sostenibilidad del espectáculo de las carreras de caballos en nuestro país.

Hay que montarse en los tiempos actuales; ser prácticos, aplicar el criterio y ponerse en la piel de los demás, para tomar decisiones menos emotivas, menos burocráticas y más apegadas a la realidad del momento.


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Egbert Lewis | egbert.lewis@epasa.com | @Egbertlewis
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