Coqueteo y confusión en la oficina

Sebastián no es el típico galán de los culebrones televisivos, pero tampoco pasa inadvertido debido a su buen gusto para vestir y su caballerosidad.

Tampoco se las da de Don Juan, pero sí está convencido sobre aquello de que el hecho de que estés a dieta en nada imposibilita que le eches una mirada al menú.

Así transcurrían sus días hasta que una mañana cualquiera sucedió algo inédito que lo sacó de su zona de confort.

Sucede que cuando Sebastián pasó por la recepción de la empresa en donde trabaja, enseguida los ojos de Marquela se clavaron sobre él.

Marquela es una joven relativamente tímida, pero a veces le salen algunas chispas de espontaneidad y es allí donde se vuelve un poco más osada; atrevida como dirían otros.

Esa mañana la chispa se tornó en llama y decidió acompañar su mirada con un piropo:

-Qué guapo te ves hoy, Sebastián.

-¿Tú crees?, fue la respuesta del muchacho que a esas alturas del juego divagaba entre la sorpresa y el desconcierto.

En el transcurso de la mañana, Sebastián tuvo que pasar al menos dos veces por la recepción y miraba de reojo a Marquela, quien no perdía oportunidad para observarlo.

Sebastián comenzó a sentirse angustiado y pensó que antes de terminar el día debía comunicarle algo Marquela, para que ella no tuviera dudas y quedara todo claro entre ellos.

Pensó que la hora del almuerzo sería el momento oportuno, pero Marquela suele almorzar en grupo, así que allí no hubo espacio.

A media tarde, Marquela llamó a la extensión telefónica de Sebastián para anunciarle que tenía una encomienda en la recepción. Él intentó manifestarle lo que pensaba, pero ella no dio tiempo.

En la mente del muchacho seguía revoloteando aquello de que: “Qué guapo te ves hoy”.

Cuando llegó el momento de la salida, Sebastián vio la mejor oportunidad para sacarse esa espina. Se acomodó el atuendo, revisó su peinado y esperó que Marquela marcara el reloj de salida para aproximarse con cierta coquetería. Ella percibió su intención y se coló lo más cerca posible de él.

Y, sin perder tiempo ni espacio, el galán del día aprovechó para susurrarle al oído: “Yo todos los días vengo guapo, lo que pasa es que hoy exageré”.


Categoría
fecha edicion
old id
937126
autor
Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com)
Fecha y hora de publicación

Edición Impresa

Jueves 30 de julio de 2026

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