Dulces libros (2)

Comentábamos el pasado domingo un estudio del científico español Francisco Grande Covián (1909-1995), aparecido en el diario español “El País” (“Cerebro y músculo: dos modos diferentes de nutrirse”, 1983), que en su parte modular sostiene que “el principal combustible utilizado por el cerebro en condiciones normales es la glucosa. El cerebro de un hombre adulto consume diariamente unos 120 gramos de glucosa”.

Luego mencionábamos cómo esta lectura coincidió con nuestra visita, el último fin de semana de enero, a la “Novena Feria de los postres”, en San Francisco de la Montaña, en Veraguas, donde, en feliz coincidencia, se han aunado los esfuerzos de distintas organizaciones para articular un evento que reúne, en uno de los costados de la emblemática iglesia local, a los ofertantes y a los degustadores de tan apetecidas viandas, y en el otro, a los expositores y amantes de la cultura en sus múltiples expresiones. Hago la diferenciación por cuestiones descriptivas, solamente, porque en el terreno se mezclaban unos y otros, justificando el aserto del Grande Covián sobre la glucosa y el cerebro.

No muy lejos de allí, más al norte, a la sombra del histórico e imponente cerro Tute, los moradores de Santa Fe llevaban a cabo su vigésimo octava Feria Agropecuaria, Artesanal y Folclórica, con muestras de la producción local, en el marco de una brisa fresca y acogedora que invitaba a quedarse a los visitantes que iban en aumento a medida que caía la tarde de aquel sábado.

Pero volviendo a San Francisco, nos comentó una de las organizadoras de la feria de los postres que se trata de dulces caseros, elaborados desde hace muchos años según recetas locales que han pasado de generación en generación, y que ahora se donan para obtener fondos para obras sociales desarrolladas por la Iglesia en esa comunidad del norte veragüense, a la vez que se rescata su laboriosa manufactura. Entre los que probamos se contaban delicias hechas con guayaba, marañón, naranja, toronja, miel, pepitas asadas, leche, junto a quesos artesanales de diversa textura que resultan muy buenos acompañantes de los dulces.

Sobre el éxito de la feria, basta con decir que la demanda superó a la oferta; muchos visitantes que llegaron con las últimas luces del atardecer tuvieron que conformarse con las historias de los más tempraneros.

Pero bajo el otro alero de la iglesia, construida en la segunda década del siglo XVII, junto a los árboles que sombrean el camino que lleva al balneario de El Salto, se levantaba una tarima rodeada por numerosas sillas plegables, dispuestas para que, cargado el cerebro de su carburante ideal, lugareños y forasteros se recostaran a degustar las manifestaciones artísticas que constituían una especie de postre sensorial: poesía, música, talleres de canto, de baile, de literatura, artes gráficas, presentaciones de libros, y más.

El complemento artístico de los postres se realiza por tercer año consecutivo, y en esta ocasión reunió los esfuerzos de personas y organizaciones entre las que se pueden mencionar la Fundación Biblioteca Nacional, el INAC, la Red de Bibliotecas Públicas, el Plan Nacional de Lectura, APALEC, la Red Panameña de Contadores de Historias, la Red Panameña de Promotores de Lectura, el Bibliobús, solo para mencionar algunas entidades.

En resumen, se trató de una fiesta de los sentidos, la que gozó de una muy buena acogida del público, permitiéndonos augurar su continuidad y expansión. Sin duda, la feliz conjunción de glucosa con neuronas, a la que se refería el artículo que motivó estas reseñas, halla aquí un lugar propicio para concretarse.

Que la palabra te acompañe.


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Jueves 28 de mayo de 2026
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