“Síntoma supremo del verdadero amor:
estar ontológicamente con el amado” Ortega y Gasset
No me explico por qué localizan el amor, el más voluptuoso de los sentimientos, en un órgano tan trabajador como el corazón. Para mí el amor es una sensación estomacal; es dulce y alimenticio como saborear una costillita del Delirys o un chocolate Neuhaus. El estómago es más sensual que el corazón. Siento cosquilleos, contracciones, calambres, tamborileos y burbujas en la panza cuando estoy cerca de la mujer amada, mientras el corazón mantiene su ritmo inalterable. Por suerte mis tripas son prudentes y no dejan pasar ningún ruido fuera de la bolsa péptica. Prefiero localizar el amor en los jugos gástricos y el bolo alimenticio que en la bomba de ese líquido tan extraño que es la sangre.
Mis amores (a los libros, la Naturaleza, los chicharrones, al silencio, la inteligencia, a mi banda de nietas, al capuchino caliente bien conversado, al Instituto Nacional y a mi compañera) los reviso y evalúo según los movimientos peristálticos. El amor es cosa para comer.
El estómago no atiende muchas emociones al mismo tiempo. Si ponemos atención escucharemos su advertencia: «Mientras estoy haciendo mi trabajo, no me impongas otro. Déjame terminar la digestión y podrás leer, correr, nadar y hacer el amor.» Quienes no lo escuchan lo pagan hasta con la vida.
¿Recuerdan el viejo bolero “Murmullos”? Seguro que Chombo Reyna sí. La última vez que lo escuché fue en el “Yate de Angelo” (B-8 en la Rockola), a la orilla de la playa de San Francisco de la Caleta. La melodiosa voz de José Luis Moneró cantaba: “Hay un suave murmullo, en el silencio de una noche azul. Son los enamorados... “Según mi teoría, los enamorados guardaban silencio, el murmullo, deben imaginarlo, de las tripas provenía.
Según Ortega y Gasset, “el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.” No vayan a tomarla contra Don José por cita tan contundente. No se refiere al auténtico amor estomacal. Aceptemos que el enamoramiento nos acerca al autismo, ya que el mundo queda reducido a una sola persona. Yo pasé por ahí, mis hijos pasaron por ahí, inexorablemente, mis nietas pasarán por ahí. A mi sensiblero estómago podrán prohibirle el picante, pero no se les ocurra ponerle un alto a sus dilataciones y contracciones acompañadas de murmullos cuando el amor lo sacude.
Amor, sensación crucial y divina. ¡Y si es bueno, es alimenticio!