La derrota en el Carlos Belmonte (2-1) contra un conjunto de Segunda División B, y la goleada encajada en Montjuic ante el Espanyol, que en el minuto 19 vencía por 3-0, han terminado por rebosar el vaso de la paciencia de la afición, que, no obstante, no acudió en mucha cantidad al estadio y se reservó para el partido ante el Betis, el próximo domingo, que será cuando, probablemente, emita un juicio claro.
Los seguidores del Atlético silbaron a los jugadores cuando saltaron al terreno de juego y, ya con el partido comenzado, increparon de forma intermitente a los dueños del club y al entrenador, Gregorio Manzano, quien podría tener los días contados como responsable técnico.
Los gritos en su contra se recrudecieron en la segunda mitad, a pesar de que el Atlético ya vencía por 2-0, especialmente, en el momento en el que se produjo el cambio del colombiano Luis Amaranto Perea, que abandonó el terreno de juego, por el brasileño Joao Miranda.
Fue en ese momento, en el minuto 62 de partido, cuando Manzano se levantó, por primera vez, de su asiento y compareció en la zona técnica, en la que soportó estoicamente la bronca de la grada, que, sin embargo, ovacionó a José Antonio Reyes, que permanecía sentado en el banquillo.
El técnico se volvió a guarecer en su banco para salir de nuevo en el minuto 76 para ordenar la sustitución de Diego por Tiago. El brasileño dejó el césped entre los aplausos del público, y fue, junto al turco Arda Turan, autor del tercer tanto, y José Antonio Reyes, los únicos que merecieron tal distinción.