El fútbol siempre da revanchas, y si no que se lo pregunten a Julen Lopetegui. Justo un 13 de junio, exactamente ocho años después de aquel traumático cese fulminante con la selección de España a las puertas de Rusia 2018, el técnico vasco ha grabado su nombre en las páginas doradas del balompié catarí. Un testarazo de Boualem Khoukhi en el minuto 95 rescató un empate heroico (1-1) ante una Suiza que pagó muy cara su racanería y falta de puntería.
Con este resultado, Catar rompe su maleficio histórico en las citas mundialistas, donde hasta ahora solo contaba sus partidos por derrotas tras el amargo papel de anfitrión en la edición anterior. Además, el resultado pone patas arriba el Grupo B, dejando a los cuatro integrantes (junto a Canadá y Bosnia-Herzegovina) completamente igualados tras la primera jornada.
Abunada sostuvo el milagro ante el monólogo helvético
El guion del partido fue un monólogo absoluto de la Suiza de Murat Yakin, que llegó a registrar un 75% de posesión de balón. La superioridad europea se tradujo pronto en el marcador gracias a una pena máxima. A los quince minutos, el guardameta catarí Mahmoud Abunada arrolló en el área a Remo Freuler; el delantero Breel Embolo no perdonó desde los once metros y puso el 1-0 con total serenidad.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un recital de paradas de Abunada. El portero del Al-Rayyan se vistió de héroe al desbaratar múltiples ocasiones claras de Dan Ndoye, Denis Zakaria y Ruben Vargas, manteniendo con vida a una Catar que solo lograba asomarse al contragolpe mediante la velocidad de Edmilson.
El castigo a la especulación
En la segunda mitad, Suiza pecó de conservadora. A pesar de los avisos de Granit Xhaka y Johan Manzambi, el conjunto helvético bajó las revoluciones del encuentro dando por bueno el marcador mínimo, una estrategia que terminó costándoles los tres puntos.
Cuando el partido agonizaba, llegó la jugada que cambió la historia. Homan Ahmed firmó un centro preciso desde el sector izquierdo para que Khoukhi batiera a Gregor Kobel con un impecable remate de cabeza. Un gol que premia la resistencia de un equipo que, por primera vez, compite en un Mundial por méritos propios y que deja a Suiza tocada en su objetivo de superar la barrera de los octavos de final.