No permitamos que se relaje algo que es muy serio

Para el gran público el secreto mejor guardado es la agenda o calendario de clásicos que regirá para esta temporada. La inusitada demora en la publicación y difusión del mencionado documento ha captado la atención de muchos, más ahora cuando se han comenzado a filtrar las primeras intimidades de esta valiosa herramienta para los inversionistas, criadores y entrenadores, principalmente.

Recién esta semana se publicó un adelanto sobre los eventos clásicos del mes de marzo para dar margen a que planifiquen su esquema de trabajo, aquellos que tienen ejemplares que cumplan con alguna de las condiciones presentadas.

Desde la administración del hipódromo se reporta que pronto verá la luz el dichoso calendario, en tanto que los dirigentes de las asociaciones de dueños de caballos salieron al paso para advertir que ellos no son responsables de la demora.

 

Pero fuera de la parafernalia que hay alrededor del calendario de clásicos, están los temas de fondo. Por ejemplo, circuló una nota en la que un 'patrocinador estatal' -sí, con dinero suyo y mío-, hizo una petición especial sobre un clásico previsto para realizarse en marzo y, seguramente, esa es una de las tantas razones (ponerle el nombre) que están dando lugar a la demora.

Valga decir que la nota no tiene firma, pero se nos confirmó que es legítima y hasta sabemos quién y dónde se redactó.

Digamos que es dable que alguien que decida respaldar la hípica con el 'medio patrocinio' de un clásico, pida una fecha determinada por alguna estrategia de mercadeo u otra razón. Eso es perfectamente comprensible.

 

Pero cuando esa petición coincide con que las condiciones de la carrera de marras se ajusten a gente que influye en las decisiones, que tiene relación directa con el 'patrocinador' y se llegue hasta la ridiculez que correr un clásico sobre 1,100 metros, como sucedía hace 80 años, entonces da mucho que pensar y pudiéramos imaginar que, cuando finalmente se entregue el calendario, nos encontraremos con más sorpresas.

Recuerden que a finales del año pasado nos tocó atajar un gol que querían meter cambiando la distancia del clásico Año Nuevo, un año después de que las condiciones eran harto conocidas.

Ya hemos explicado con documentos e información técnica que el calendario de clásicos,  los eventos que lo componen, no son tema de relajo ni caprichos.

 

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Pudimos constatar, por ejemplo, que la información enviada por Panamá al organismo internacional que tiene que ver con el registro de los clásicos correspondientes al 2018, señala que el clásico Día del Trabajo es o era un evento de Grado 2 y en el calendario de clásicos se presentó y se celebró como de Grado I.

No estamos demeritando la carrera y muchos menos al ganador y al resto de los competidores, pero si como país presentamos una información dentro de un documento como el International Cataloguing Standars, lo menos que debiéramos hacer, como país, es respetar lo que firmamos.

 

No debemos obviar el hecho de que los clásicos como tales, son el gran examinador de los profesionales de la hípica.

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Sirven para determinar el calibre de los equinos; constituyen un termómetro para medir el nivel de la crianza; examinan los conocimientos de los entrenadores; pulsan el entusiasmo de los dueños de caballos y ponen sobre la balanza la fortaleza de las piernas y muñecas de los jinetes, entre otros.

En otras palabras, en los clásicos deben estar los mejores, los que tengan capacidad, los que saben entrenar y no los prefieren entrar por la ventana o la puerta de atrás. El que es bueno no necesita ventajas para mostrar su dominio.

Recuerden que el ave canta, aunque la rama cruja, porque él sabe los que son sus alas.

Ojalá los verdaderos 'turfman', que hay muchos en Panamá, defiendan ese principio para no echar por tierra lo que se ha construido por casi 100 años vida hípica.


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Martes 9 de junio de 2026