¿Quién necesita las telenovelas?

Asombrada me hallo estos días con el desarrollo de la última gran demostración de la estupidez humana. Si no se hubieran perdido vidas, la cosa era para reírse hasta llorar, y aún en medio de la tragedia, la cosa tiene un punto de gilipollez que no puedo dejar pasar. Para aquellos que no hayan vivido en el mundo estos últimos días, resumo brevemente los hechos: crucero de lujo por el Mediterráneo, barcote enorme que se acerca un pelín demasiado a la costa italiana y raaas, al cuerno, el barco comienza a inclinarse, la noche oscura y el mar proceloso envuelven las labores de evacuación, gente que grita, pánico, vamos, ustedes se imaginan, Titanic, pero en vivo y en directo. Lo bueno empieza ahora, el capitán llama a la Guardia Costera desde tierra firme, ajá, porque puso pies en barca salvavidas desde que el barquito se hizo pupa, junto con su primer oficial y el segundo también. Cuando la Guardia Costera, con autoridad y la dignidad requerida le da la orden: ‘Vuelve al barco, coño’, el capi responde: ‘es que esto está muy oscuro’. Aquí ya estamos todos alucinando en colores y no sabemos si reírnos o abofetear al tipejo este por turnos. Y ahora viene lo interesante, resulta que el capi Schettino, (italiano por más señas) andaba de picos pardos esa noche con una moldava que lo llama cariñosamente ‘Franco’, al parecer, una de las razones para escapar, además del canguelo, fue para evitar que lo pillaran con las manos en la masa. ¿Quieren ustedes seguir leyendo estupideces? El tiparraco alegó ante la jueza que lo acusa (con justa razón) de homicidio, que no huyó del barco, sino que ‘se cayó en un bote salvavidas’ y que luego era muy difícil volver a subir a bordo…plop. Pero no se vayan todavía, que aún hay más, la esposa del cagarrutas ese ¡lo defiende!

A ver, por partes, es muy fácil ser valiente desde un sofá, o desde aquí, en mi silla, tecleando esto, pero si eres capitán de barco se te presupone cierta cantidad de valor, como a los soldados. Y una aceptación tácita de tus responsabilidades, entre las que está la de coordinar las labores de rescate de todos los que están en el barco en caso de que pase algo, y si, cuando todos han salido aún tienes tiempo, pues sales tú, y si no, pues mira, mala suerte, el mar al que has dedicado tu vida te acoja en su seno. Porque ser valiente de boquilla cuando tenemos el culito a salvo es muy fácil. Pero hay un momento en la vida en el que todos debemos elegir. Ahí es cuando. Es justo entonces cuando el honor debe imponerse. Pero esta indignidad, esta cobardía, es un recordatorio de lo miserables que podemos llegar a ser los humanos. Y lo imbéciles, defendiendo a un tipo con el que nos debería avergonzar estar casadas, ¡y que encima nos lo pone como catedrales!

Como colofón de este esperpento, los alemanes, que se creen ungidos (esto va sin segundas, de verdad… ¡je!) escriben editoriales diciendo que si el capitán hubiera sido alemán, eso no hubiera pasado. Chicos, un consejo, a veces es mejor quedarse calladitos, porque obediencia puede que tengáis, pero el honor lo olvidasteis como pueblo hace un par de años…. falta ver si de verdad habéis aprendido que a veces lo honorable es no seguir las órdenes que se os dan.

En fin, que con esta historia, la risa se convierte en llanto, y miedo me da pensar en la jarca que nos rodea por todas partes.


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Fecha y hora de publicación

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Jueves 28 de mayo de 2026
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