Durante más de una década, Steve Pearce fue un pelotero errante. Se mudó de Pittsburgh a Houston y a cada uno de los equipos que conforman la División Este de la Liga Americana, simplemente en busca de un lugar donde pudiera echar raíces y lo encontró al fin, en Boston.
Pearce fue designado el domingo el jugador más valioso de la Serie Mundial, tras conectar dos jonrones que dieron a los Medias Rojas la victoria por 5-1 sobre los Dodgers de Los Ángeles en el quinto juego.
"El béisbol es un deporte divertido", comentó Pearce. "Mientras más tiempo permaneces acá, pueden pasar cosas maravillosas".
Y después de andar de un lugar a otro en las Mayores, Pearce tiene una camioneta roja, que se le obsequió en el terreno, como parte del premio al más valioso.
"Uno nunca sabe a dónde puede llevarlo este juego", dijo. "Y he pasado por mucho en mi carrera".
