"Tripulante de cabina, ese es mi oficio y nadie cortará mis alas. Volveré a volar. Esa soy yo", afirma la boliviana Ximena Suárez Otterburg en un libro dedicado a las víctimas y sobrevivientes del accidente del avión que se estrelló cuando trasladaba al club brasileño Chapecoense a Colombia.
Suárez, la única mujer que sobrevivió a la tragedia, presentó esta semana su libro, "Volver a los cielos", en su natal Santa Cruz (este), en un emotivo acto en el que le acompañó el otro boliviano que salió con vida del accidente, del que se acaba de cumplir un año, el técnico Erwin Tumiri. El editor del texto, el escritor boliviano Homero Carvalho afirma en el prólogo que la azafata es "una Celícola", una habitante de los cielos que "está curando sus heridas, como las águilas que esperan que les vuelva a salir un nuevo pico, nuevas plumas y garras" para volver a "observar el mundo desde las alturas".Y es que Suárez asegura que tuvo la ilusión de "vivir en el cielo" desde la primera vez que se subió a un avión cuando era niña. "Es como si hubiese entrado a un lugar mágico y me hubiese quedado en ese lugar hipnotizada para siempre", sostiene.
Antes de trabajar en la aerolínea boliviana LaMia, a la que pertenecía el avión siniestrado, fue modelo por un tiempo y luego logró cumplir su sueño de volar al incorporarse a la privada Aerosur, en la que estuvo durante cuatro años hasta que quebró.Cuando ya se encontraban cerca de Medellín, los tripulantes siguieron la rutina habitual: despertaron a los pasajeros y les pidieron que pusieran los asientos en posición vertical y que abrochasen sus cinturones, pues ya estaban próximos a aterrizar.
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