La exportación de cucurbitáceas (melón, sandía y zapallo) logró facturar en sus mejores momentos 50 millones de dólares por temporada, siendo uno de los principales motores de la economía de la región de Azuero.
Hoy, luego de tres años de crisis, el grupo de productores que queda activo en el sector trata de levantarse de entre las cenizas sin el apoyo de la banca privada.
La Gremial de Agroexportadores No Tradicionales de Panamá (GANTRAP) calcula que de los mil agroproductores que se dedicaban a la siembra de cucurbitáceas para la exportación, solo quedan activos unos 400. El resto ha migrado a otras actividades presionados por casi tres años de pérdidas.
Entre ellas, desaparecieron la cooperativa Ucape, la más antigua de la ciudad de Chitré, y la asociación de productores de Villa Lourdes. También la cooperativa El Progreso redujo su siembra en un 50%, mientras que empresas que lideraban la actividad operan casi al mínimo, entre ellas Dos Valles S.A., que recortó la siembra de 1500 hectáreas a solo 200.
A pesar de que este sector de la agroexportación atraviesa por su peor momento, Francisco Antúnez, directivo de Gantrap y dueño de la compañía Comexa, indicó que los pocos productores que quedan tratan de levantarse con algo de ingenio.
Incluso, señaló que en el último congreso de agroexportadores, el sector se comprometió a incrementar las hectáreas de siembre de cucurbitáceas que el año pasado cayeron a su nivel más bajo: 2,800 hectáreas. Desde que el sector logró la cifra récord de 5,600 hectáreas sembradas de cucurbitáceas en 2007, ha venido decreciendo por diferentes factores: incremento de costos de producción, contracción del mercado y el cambio climático.
Pero el golpe más fuerte, según Antúnez, ha sido la falta de financiamiento oportuno. Dijo que la banca privada ha perdido la confianza en el sector, y los agroproductores han tenido que recurrir a nuevas formas de financiamiento para no desaparecer del todo.
Por ejemplo, las compañías agroexportadoras han recibido financiamiento directo de sus clientes en el exterior, y los productores independientes se han refugiado en el financiamiento de las casas comercializadoras de insumos.
Antúnez señaló que ahora las esperanzas de recuperación están condicionadas al éxito que tengan ciertos ajustes que están ejecutando, como el uso de nuevas tecnologías, calendarios de siembras más precisos y la posible apertura del mercado japonés.