Los programas de compras públicas de alimentos están ganando adeptos entre los gobiernos por su forma de ayudar a los pequeños agricultores a vender sus productos para integrarlos en futuros mercados.
Cada año, instituciones como escuelas, hospitales y organizaciones humanitarias gastan miles de millones de dólares en adquirir alimentos.
La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha investigado esos procesos en un estudio, centrándose en la iniciativa "Compras para el Progreso" del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) y otras dos impulsadas por Brasil en ese campo y en la alimentación escolar.
"El modelo brasileño ha tenido gran influencia en Latinoamérica mediante la cooperación Sur-Sur", apoyando a diversos gobiernos, indica a Efe la especialista de la FAO y coautora del informe Luana Swensson.
Siobhan Kelly, la otra experta de la agencia que firma el estudio, ratifica que siempre ha habido interés en esas compras por parte de países industrializados, algo que cada vez observa más en países en desarrollo por el potencial de unir a los poderes públicos con los pequeños productores.
Si hasta la década de 1990 los países ricos intentaban minimizar costes, ahora lo ven desde una perspectiva más amplia, buscando otros objetivos como reforzar las pequeñas y medianas empresas y hacer la agricultura más sostenible.
Así, la Unión Europea ha reconocido el papel de las compras públicas.
Modelos
Entre los países, Finlandia dedica unos 350 millones de euros anuales en servicios de “catering”, y el Reino Unido, 3,000 millones de dólares.
El informe destaca las experiencias de Brasil y Ruanda por crear plataformas institucionales con políticas y reformas legislativas que han servido para coordinar iniciativas e involucrar a los diversos ministerios.
En Guatemala, el PMA presenta licitaciones para comprar alimentos a las organizaciones de agricultores.
