No solo los cubano-estadounidenses y los exiliados cubanos del sur de Florida aguardan con expectación los cambios en la política hacia Cuba que anunciará el presidente estadounidense, Donald Trump, este viernes en Miami: muchas empresas, y no solo pequeñas, tienen los dedos cruzados.
Una nueva "glaciación" en las relaciones cubano-estadounidenses afectaría negativamente las cuentas de los cruceros, las aerolíneas, las cadenas de hoteles, grupos tecnológicos, plataformas de la llamada "economía colaborativa" y pequeñas empresas de todo tipo que se han beneficiado del deshielo iniciado a fines de 2014.
Por no hablar de los trabajadores de esas empresas en Cuba o de los cuentapropistas cubanos a los que les llegan clientes en los barcos o los aviones que arriban a la isla desde Estados Unidos.
A diferencia de los partidarios de la "mano dura" con Cuba y los defensores de la apertura, que han reafirmado estos días sus posiciones políticas, en el lado económico se siente un significativo y cauto silencio, salvo algunas pocas excepciones, de acuerdo con los expertos.
