La ampliación del Canal de Panamá, un tercer carril para buques neopanamax, más grandes que los que cruzan las esclusas centenarias, cumple este viernes una década de operaciones en la que ha superado expectativas y multiplicado los ingresos de una empresa autónoma del Estado que gestiona el tránsito de entre el 3 % y el 5 % del comercio mundial.
El coste global de la ampliación superó los 5.250 millones de dólares. Su principal obra son las esclusas de Agua Clara (Atlántico) y Cocolí (Pacífico), construidas por el Grupo Unidos por el Canal (GUPC), liderado por la constructora española Sacyr e integrado por la italiana WeBuild (antes Impregilo), la belga Jan De Nul, y la panameña Constructora Urbana SA (Cusa).
El Canal de Panamá, de 82 kilómetros y único del mundo de agua dulce, entró en servicio en agosto de 1914.
La ampliación, la primera del paso navegable, supuso una de las mayores obras de ingeniería de este siglo: requirió 4,4 millones de metros cúbicos de hormigón, 220.000 toneladas de acero y la fabricación de 16 compuertas que en conjunto pesan más de 50.000 toneladas, como ha explicado el Canal.
El proyecto de construcción
El proyecto de la ampliación del Canal de Panamá fue aprobado en un referendo el 22 de octubre de 2006, el 3 de septiembre de 2007 comenzaron oficialmente las obras con la primera voladura, y el 26 de junio de 2016 se inauguró con el paso del buque Cosco Shipping Panama.
"Nos tomó nueve años hacer la parte de construcción de la ampliación, que incluía tanto las esclusas como todos los otros proyectos de excavación en seco y demás. En total, 4.200 contratos distintos", dijo a EFE Jorge Quijano, quien fue el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) entre 2012 y 2019.
Quijano resaltó que "más del 90 %" de la mano de obra utilizada durante todo el proyecto, unas 30.000 personas, era panameña.
Los desafíos de una obra compleja
La construcción enfrentó huelgas y reparaciones, como recordó Quijano, que considera que el momento más delicado fue la paralización por parte del GUPC a inicios de 2014 por una disputa legal y financiera.
"Fueron 14 días de paro, nos tocó una negociación muy fuerte para que el consorcio pudiera seguir adelante sin trastocar lo que era el contrato (...) nosotros por si acaso hablamos de un plan B", que consistía en entregar las obras a otras empresas, "pero sabíamos que lo mejor para reducir el tiempo y a lo mejor hasta los costos, era seguir adelante" con el GUPC, explicó Quijano.
Otro momento álgido surgió en agosto de 2015, cuando se detectaron filtraciones en una pared de las nuevas esclusas del Pacífico, que fueron subsanadas con éxito para febrero de 2016.
"Cuando ya teníamos un plan de que en diciembre (de 2015) íbamos a posiblemente culminar la obra, pues se dan estas grietas y eso retrasa unos 6 meses el proyecto", recordó el ingeniero panameño.
Los hitos de la ampliación
Para mayo de 2026, las esclusas ampliadas superaron los 31,000 tránsitos, informó el Canal, que resaltó que entre 2020 y 2025 los buques neopanamax movieron entre el 51 % y el 55 % del total de la carga que pasa por la vía.
Los ingresos del Canal se han multiplicado con la ampliación, que ha permitido, junto con una serie de modificaciones en el cobro de varios servicios, cifras históricas como la del año fiscal 2025, cuando la vía logró ingresos de 5,705 millones de dólares, un 14.4 % más que el período anterior.
Quijano destacó que más allá de los ingresos, los resultados en cuanto a la capacidad de la carga han sido extraordinarios.
En el papel, con la ampliación "se podía pasar un buque de 12.000 TEUs" o contenedor estándar de 20 pies, el triple de los que cruzan las esclusas centenarias, "pero ya el año pasado tuvimos buques de 17.640 TEUs, un 47 % adicional a lo que originalmente habíamos planificado", afirmó el ingeniero.
"Así que hemos tenido muchos logros con la ampliación y también hemos seguido administrando y manteniendo el Canal viejo, que ya tiene más de 111 años", celebró Quijano, que trabajó en el paso navegable por más de 40 años.
El Canal de Panamá fue construido y administrado por EE.UU. en el siglo XX hasta que lo traspasó al Estado panameño el 31 de diciembre de 1999.