El presidente de Brasil, Michel Temer, ha asumido el poder tras la destitución de Dilma Rousseff dispuesto a ser un "mesías" para la economía brasileña, una complicada misión para la que está dispuesto a privatizar "todo lo que sea posible".
La privatización se convirtió en una palabra prohibida tras la victoria del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que llegó al poder en 2003 con Luiz Inácio Lula da Silva y se mantuvo en este hasta mayo pasado, cuando el Senado dio el primer paso hacia la destitución de Rousseff, que se consumó.
Todavía como interino, Temer le dio un giro liberal a la ruleta económica y las "desestatizaciones", como en Brasil se conoce de manera eufemística a las privatizaciones, se colaron en la agenda del Gobierno.
"El Estado debe transferir al sector privado todo lo que sea posible", resaltaba un documento divulgado por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño) cuando Temer todavía era vicepresidente.
Claves
El informe, titulado "Travesía Social", definía las líneas maestras del PMDB en materia económica en caso de conquistar la presidencia, a la que llegó de forma interina el 12 de mayo, cuando Rousseff fue apartada por la Cámara Alta para afrontar un juicio.
