La salud y la competitividad parecen ser conceptos distantes y no relacionados, pero en realidad, el primero impacta directamente el incremento del segundo, por lo que la calidad de vida de la población, en cuanto a salud se refiere, se convierte en uno de los elementos que le permite (al capital humano) aumentar su productividad en el hogar, en el trabajo y en su comunidad, y ampliar, además, sus expectativas de vida, lo que le permite hacer mayores aportes a la sociedad.
Una economía que crece, que atrae inversiones, pero que no cuenta con ciudadanos saludables, perderá de un momento a otro el principal motor de su desempeño, ya que las personas verán limitada su productividad en el trabajo y no podrán extraer todos los beneficios de la educación, lo que terminará reduciendo los niveles de generación de bienestar de la población.
Es importante dotarlo de infraestructuras adecuadas, equipos, insumos, personal de salud y procesos que eleven la calidad de los servicios y cumpla su principal propósito: servir con eficiencia y eficacia a los ciudadanos.
De acuerdo con el índice de competitividad global, Panamá se encuentra entre los 50 países más competitivos, pero al considerar el pilar salud y educación primaria, queda rezagado en la posición 67 de 138 economías.
En cuanto al índice de progreso social (IPS), posiciona al país de 40 entre 128 economías, quedando en el puesto 70 en lo concerniente a nutrición y cuidados médicos básicos debido a la baja puntuación en desnutrición, mortalidad infantil y muertes por enfermedades infecciosas.
Sin embargo, ocupa el puesto 9 del IPS en el pilar salud y bienestar, medido por la esperanza de vida, la mortalidad prematura por enfermedades no contagiosas y la tasa de suicidios.
Estas mediciones nos permiten observar que la prevención y el tratamiento de enfermedades son problemas que afectan la competitividad del país.
El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Salud y de la Caja de Seguro Social, lleva adelante la construcción de importantes infraestructuras (entre ellas la Ciudad de la Salud) que serán una parte de la solución, pues las mismas requerirán entonces de los equipos, medicamentos y personal médico, entre otras consideraciones (tales como: citas médicas oportunas, disminución de la mora quirúrgica, etc.) que deben ser planificadas y coordinadas entre ambas instituciones para que los centros de atención sean bien distribuidos a lo largo de la República y puedan contar con los elementos necesarios para su funcionamiento.
El contar con un sistema fiable y de calidad que facilite la prestación de servicios médicos, la compra de medicamentos y la disposición oportuna de los mismos a los pacientes mejoraría notablemente la salud de la población; aunado a una estrategia que posibilite la correcta cantidad de médicos, enfermeras y otros que se requerirán para brindar la atención.
No menos importante es trabajar en el fomento de una cultura que busque prevenir antes que curar, siendo la primera una opción más barata y de más impacto en el nivel de bienestar de la población; para ello, la implementación de una campaña educativa de prevención podría lograr un cambio en los hábitos alimenticios y de salud, enfocada desde la perspectiva de la población infantil hasta la adulta.
Panamá requiere de fortalecer su sistema de salud pública para incrementar el capital humano, que es, sin duda, una pieza importante para el crecimiento y desarrollo.
