El Confabulario
El Confabulario – 10 de noviembre de 2013
Datos
- Registro
- El Estado organizó los funerales de los expresidentes Guillermo Endara (2009), Guillermo Billy Ford (2011) y Jorge Illueca (2012).
- En misión oficial
- El funeral de los socorristas que fallecieron en misión oficial en Colón también recibieron los honores.
- Traslado
- 24 años después del fallecimiento del expresidente Arnulfo Arias Madrid, el Estado organizó el traslado de los restos que yacían en el Jardín de Paz al Mausoleo en Penonomé.
La ocasión reviste en los presentes sobriedad, solemnidad, respeto y dolor. Los organizadores están obligados por mandato constitucional a cuidar hasta el más ínfimo detalle. Son funerales que organiza la dirección de protocolo y ceremonial del Estado, luego de registrarse el fallecimiento de un jefe de Estado, expresidente o personaje de trascendencia nacional.
El fallecimiento de los expresidentes Jorge Illueca, Guillermo Endara Galimany y el exvicepresidente Guillermo Billy Ford son los casos más recientes ocurridos en los últimos cinco años. La desaparición física de estas figuras impuso que se emitieran resueltos de luto y reflexión, un funeral de Estado acompañado de un Día de Duelo Nacional.
La organización de la ceremonia pública, a la que asiste el jefe del Ejecutivo, el Gabinete y el cuerpo diplomático acreditado en Panamá, involucra la participación de funcionarios de Estado, estamentos de seguridad, y gastos en los preparativos que los responsables no han logrado cuantificar. Estiman que el costo por cada funeral de Estado podría acercarse al cuarto de millón de dólares sin mencionar la paralización de la economía por el día de asueto.
La calle de honor, la custodia de la guardia presidencial, el recibimiento del cuerpo diplomático, el carro bomba, la homilía, el programa ceremonial y la presencia de la Orquesta Sinfónica Nacional y de la Banda Republicana aparecen en la lista de detalles que no se deben descuidar. La elegancia que desprenden las orquídeas y los lirios aparecen como las favoritas en las decoraciones y arreglos florales.
Diomedes Carles es el subdirector de Protocolo de la Cancillería de la República, y en medio de sus compromisos habituales siempre está listo para casos fortuitos que requieran de una preparación de última hora. En el caso del fallecimiento de un expresidente, “lo primero es contactarse con la familia. Coordinar con ellos alguna petición especial sobre piezas musicales en la homilía, resueltos y ubicación final de los restos. Todo debidamente bajo coordinación de nosotros como parte del trabajo estatal”.
Comparte que aunque es potestad del Estado organizar la ceremonia, la familia puede sugerir cambios o prescindir de la organización. Independientemente de la decisión, el Gobierno declarará duelo nacional el día que se celebran las honras fúnebres y, a través del Ministerio de Gobierno, se emitirá un decreto en el que se declare tres días con el pabellón a media asta en todos los edificios públicos del país.
El protocolo también incluye una misa solemne presidida por el arzobispo metropolitano. En la ceremonia se declara el duelo de la patria y se interpreta el Himno Nacional mientras el féretro permanece cubierto por la bandera nacional en un tamaño promedio de 1.40 x 2.10, y seis oficiales del Servicio de Protección Institucional en traje de gala hacen la guardia de honor hasta que concluya la solemnidad. Finalizada la misa, corresponde al jefe del Ejecutivo hacer entrega formal del emblema nacional que cubrió el féretro a la esposa, esposo o familiar cercano.
Orlando Henríquez es el artesano que hace 30 años se encarga de la elaboración de la bandera que cubre a las distinguidas personalidades. Por sus manos pasaron las banderas que descansaron sobre los féretros de los cuerpos presidenciales desde 1982. “La dimensión de la bandera depende del tamaño del féretro, y en su mayoría son en telas satinadas, de nailon y algodón”.
Los rastros históricos de los expresidentes que impusieron la costumbre de que se ordenara el día de las exequias como día de duelo nacional (asueto) es el punto que genera discusión entre los sectores, incluso entre expresidentes que aún sobreviven. Aristides Royo, quien llevó las riendas del país entre los años 1978-1982, aboga porque “cese la costumbre de dar un día libre con cierre de oficinas públicas y privadas por la muerte de un exmandatario”.
Los argumentos de Royo se fundamentan en que “eso pudo estar bien en los tiempos en que el país tenía 200,000 habitantes, pero no en una nación que cuenta ahora con más de tres millones y medio. El país pierde mucho dinero y, al fin y al cabo, la muerte es algo muy natural en los seres humanos. Asumo que todos los presidentes han querido a su país y, en consecuencia, lo menos que desea es que con motivo de su desaparición el país se perjudique”.
En la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá(CCIAP), el presidente José Luis Ford “no cree que deberíamos enfocar solo en los días de duelo nacional que generen pérdidas a la economía nacional, más bien en el respeto a los presidentes quienes fueron electos constitucionalmente y han dejado un legado de lucha por la democracia”.
La expresidenta Mireya Moscoso se unió a los procesos protocolares que asume el Estado en caso de la muerte de un jefe de Estado. Compartió que en 1988 cuando murió el tres veces presidente Arnulfo Arias Madrid, no aceptó una ceremonia organizada por el entonces dictador Manuel Antonio Noriega y prefirió realizarla 24 años después.