El Confabulario
El Confabulario – 29 de marzo de 2013
Hoy es Viernes Santo, día en que los cristianos recuerdan la crucifixión de Jesucristo. En Panamá, ayer, Jueves Santo, cientos de católicos se congregaron en la Basílica Menor Don Bosco. Tanto para los creyentes de la capital como para el resto de los panameños, esta fecha es sagrada. Basta ver sus rostros serenos, sus vestimentas oscuras y su solemnidad dentro de la iglesia.
En aquel templo hasta la brisa que se cuela entre las piernas es apretujada, pero igual todos parecen respirar convicción. 8:30 a.m. es la hora elegida para que una treintena de sacerdotes inunden las primeras 10 hileras de sillas habilitadas en la parroquia, ubicada en el populoso barrio de Calidonia. Y cómo no iban a ocuparlas si justo ayer era su día, el del párroco, según el calendario occidental.
Flanqueado por derecha por el nuncio apostólico Andrés Carrascosa, monseñor José Domingo Ulloa empezó la homilía con un grueso discurso en el que pidió a los fieles orar por el papa Francisco, a quien llamó “hombre de Dios y de la Iglesia”. Indicó, además, que desde Panamá se han enviado dos cartas al Vaticano para invitar al papa a nuestro país.
“Hemos hecho dos cartas, incluso lo hemos invitado todos los obispos centroamericanos, aunque todavía no hay respuesta, si no se puede este año, lo esperamos el otro”, sostuvo.
Ante la ausencia notoria de las figuras políticas en la ceremonia, Ulloa manifestó: “Esta misa está abierta a todos, es para cristianos... Son invitados los cristianos, no enredemos una cosa con otra”. Curiosamente, el acto religioso, que data de hace más de dos mil años, fue transmitido a través de un canal de televisión local, una radioemisora y por las redes sociales.
Tras la consulta de los periodistas sobre el papel de educar y transformar que deben cumplir los medios de comunicación, Ulloa dijo: “Creo que cada vez los medios están realizando esa función tan fundamental, no solo de informar, sino de formar en todas las áreas, sobre todo en la parte humana y espiritual”.
Luego de su sermón, Ulloa llevó a cabo el ritual del lavatorio de los pies, tal cual lo hizo Jesús con sus 12 discípulos un día antes de ser entregado por Judas Iscariote a los judíos. Entre cantos y oraciones del público se fue desarrollando la misa, que duró más de dos horas. Al final, Ulloa agradeció a los presentes que desalojaron lentamente el lugar.