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El Confabulario – 7 de octubre de 2012

REDACCION / PANAMA AMERICA

Yazmín tenía 21 años. Bailaba salsa, merengue y flamenco, por lo menos una hora al día, pero los fuertes dolores en sus piernas le hicieron sospechar que algo pasaba. Empezó a perder peso y cabello, no podía comer.

Un ultrasonido del estómago reveló que su hígado estaba inflamado y la biopsia indicó hepatitis autoinmune, enfermedad que produce rechazo del órgano, como si fuera de otra persona, y con el tiempo necesitaría un trasplante. Para Yazmín, ese tiempo llegaría en 20 años, pero por su embarazo se redujo a 13. “Cuando salí embarazada, la doctora me dijo: o te vas tú o se va la niña, un embarazo nunca pega”, recordó.

Lo puso en las manos de Dios y hoy su pequeña tiene 9 años, juega fútbol y es su inspiración. El 23 de marzo de 2011, su cumpleaños, pidió su deseo: su trasplante, y al mediodía la llamaron. A la medianoche del 25 entró al quirófano. Está muy sorprendida por el trato del equipo “porque en Estados Unidos hubiera sido un número”, pero la atención que le dieron los doctores Norberto Carreño y Lizka Richards la hizo sentir “como una persona especial para ellos", expresó ahogada por el llanto.

Sus lágrimas y la emoción que la acompañan son un mensaje: "no dejen de creer que los milagros existen, aunque no pasen de una vez como algunas veces uno lo espera, no dejen de tener fe". Considera que esta es su segunda oportunidad de vida, primero el embarazo y el nacimiento de su hija contra todo pronóstico, y luego el trasplante. "Yo tengo algún propósito en este mundo, no lo he encontrado, algún día Dios me dirá por dónde debo ir, porque eso de que me ha dado dos oportunidades no es cualquiera".

Recuerda las 10 noches sin dormir por los fuertes dolores, así como el rostro de preocupación de Carreño, quien le decía que todo estaba bien, pero tuvieron que devolverla al quirófano porque el hígado se inflamó y estuvo a punto de estallar, debido a que la vena era muy pequeña y el flujo de sangre era muy lento, por lo que requirió una prótesis para superarlo.

El órgano era muy grande y hubo que removerle los pulmones, intestinos, costillas para colocarlo. Pero hace cuatro meses un ultrasonido indicó que se había adaptado al tamaño de su cuerpo, "ya todo está en su lugar". Otro impacto emocional fue por el donante. Es hijo de una amiga de su tía, quien lo descubrió cuando la llamó para saber cómo había quedado la matanza. La amiga le comenta que su hijo estaba en el hospital y sería donante para el primer trasplante hepático.

Yazmín no conoce a la familia, pero durante su recuperación se comunicaban por mensajes de texto y estuvieron muy pendientes, tanto, que la madre del joven le dice hija. "Son gente muy noble", comenta, porque además de donarle sangre y plaquetas, salvaron dos vidas al donar sus dos riñones.

Como está tan llena de emociones, no se ha atrevido a conocerlos, no sabe cómo expresarles sus sentimientos. Son ambiguos, está agradecida por la oportunidad de vida, pero entiende el sentimiento porque ya su familiar no está.



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Lunes 10 de agosto de 2026