El ministro peruano de Justicia, Víctor García Toma, admitió hoy en una rueda de prensa la posibilidad de que el fundador y líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, se case con su compañera Elena Yparraguirre, pero dijo que ve "inviable" su derecho a visitas conyugales.
Guzmán, de 75 años, fue capturado en 1992 y condenado a cadena perpetua, al igual que su pareja, de la que fue separado en 2006. El pasado octubre ambos presentaron una demanda formal de matrimonio, pero se han encontrado con todo tipo de trabas y retrasos.
El titular de Justicia señaló que las trabas que hasta ahora han impedido su matrimonio se referían a la entrega de la documentación, pero que "eso ya fue solucionado y cuando se complete esa documentación, estas personas estarán en la posibilidad de celebrar un matrimonio".
Aclaró que como Guzmán e Yparraguirre están presos, el matrimonio, cuya fecha aún no se ha fijado, "seguramente será por poder."
El ministro subrayó que el pedido de las visitas conyugales "es un hecho singular" debido a que ambos están recluidos en penales de máxima seguridad, una situación que, agregó, "es bastante compleja" debido a las medidas que deberían adoptarse para sus eventuales traslados de una cárcel a otra.
Guzmán e Yparraguirre también exigen ejercer su derecho a "encuentros familiares", a visitas de periodistas o simpatizantes y al ingreso de libros y periódicos sin censura en sus penales, pero esos encuentros "son prácticamente inviables", según el ministro.
El mes pasado, Guzmán e Yparraguirre realizaron una huelga de hambre de dos días para exigir que las autoridades les permitan casarse.
El presidente peruano, Alan García, también se expresó entonces sobre el caso y dijo que los dos terroristas pueden contraer matrimonio debido a que no han perdido sus derechos fundamentales, al tiempo que criticó las demoras burocráticas.
Guzmán e Yparraguirre, separados en cárceles distintas desde 2006, han renunciado a la violencia y se han desvinculado de los grupos que con el nombre de Sendero Luminoso aún actúan en puntos aislados de Perú, pero nunca han mostrado arrepentimiento por los hechos que fueron condenados.