- 58% de las 223 mujeres en la guerrilla fueron obligadas a abortar.
- 57,000 combatientes se desmovilizaron de diferentes grupos armados ilegales desde el 2003 al 2014.
La situación de las mujeres que han participado en la guerrilla colombiana no ha sido fácil. Cinco mujeres cuentan su historia a la BBC, pues en algunos casos se vieron obligadas a abandonar a sus hijos, y ahora que se han desmovilizado buscan ganar una nueva batalla: recuperar a sus hijos.
Estas son cinco historias que hablan de la vida y de la muerte, de la guerra y de la deserción, pero ante todo, de la esperanza.
Son los relatos de cinco exguerrilleras colombianas que fueron obligadas a renunciar a los hijos que tuvieron cuando militaban en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y en el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Dos de ellas han logrado recuperarlos. Las otras tres siguen en esa batalla.
Y para ninguna de ellas se ha tratado de un proceso fácil. Entre otras cosas porque pese a haberse desmovilizado y formar parte de programas de reintegración, su pasado sigue siendo una carga muy pesada.
María accedió a conversar con BBC Mundo lejos de su casa. Tras un largo viaje, nos encontramos en Medellín.
No era como me la imaginaba. Me sorprendió lo frágil y femenina que se ve. Traía a un bebé en brazos: el hijo que tuvo después de desmovilizarse.
María fue reclutada por las Farc cuando tenía 13 años. A los 17 años, tras enamorarse de uno de sus compañeros, quedó embarazada. Lo primero que pensó fue que “obviamente” tenía que abortar.
“Lo escondí hasta los siete meses porque ya se me notaba mucho. Después avisé. Me dijeron que ya era muy riesgoso (abortar) porque de pronto me podía morir”.
María tuvo una niña, pero la felicidad de ver a su hija con vida duró muy poco. Después de tres meses, lo inevitable sucedió. El comandante dijo que había que entregarla.
Se la dieron a una señora con la que mantuvo contacto, María le pidió que la dejara conocerla. “Al principio me dijo que sí, pero después me fue engañando y no volvió a responder mis llamadas”, cuenta. De acuerdo con María, la mujer le dio diferentes versiones. “Primero me dijo que no la tenía, que el grupo se la había quitado, después me dijo que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar la tenía”. Un abogado dijo que de ser así no hay nada que hacer, pero ella no pierde las esperanzas.
El sufrimiento de Elena
Ella tenía 13 años cuando miembros del ELN llegaron a su casa y se la llevaron, aprovechando que su madre no estaba.
Para evitar abusos de otros compañeros del grupo, Elena comenzó una relación con un guerrillero de rango superior. Quedó embarazada a los 15 años.
El ELN le permitió dar a luz, pero dos meses después de tenerlo, sus compañeros se lo quitaron y se lo entregaron a su madre.
Dos años después, “gente” que Elena cree es parte del grupo guerrillero se lo “arrebató” a su madre.
“Teresa: Es mi hija”
Teresa contó que las Farc la obligaron a formar parte del grupo cuando tenía 14 años, después de que mataron a su mamá. “Las Farc acabaron con mi niñez, con mi juventud”, cuenta.
A los 16 años quedó embarazada y decidió esconderlo. “Sentí miedo, es un delito quedar embarazada. Se califica como un incumplimiento premeditado de orden y una insubordinación”.
La niña fue entregada a una familia que ella no conocía.
En 2009 se desmovilizó y empezó a buscar a su hija. La encontró con las mismas personas a las que las Farc se la entregaron.
El primer contacto, cuenta Teresa, fue positivo. Le permitieron compartir con la niña, pero de pronto hubo un cambio de actitud de la familia y ahora hay una batalla legal por su custodia.
La incertidumbre de Carmen
Tras 23 años de militar en las Farc, Carmen se desmovilizó en 2008 e inició la búsqueda del hijo que tuvo cuando estaba en la guerrilla.
A Carmen le daban permiso para visitarlo cada tres, cinco meses, hasta que cumplió tres años. Debido a la penetración del ejército en la zona, fue transferida a otra área y perdió contacto con su hijo.
Carmen, quien asegura que cuando quedó encinta por primera vez los embarazos estaban permitidos en esa guerrilla, se volvió a reunir con su hijo 24 años después. El encuentro se produjo en 2010.
Su hijo nunca la rechazó, pues ella le había pedido a la familia que lo crio que le dijeran quiénes eran sus verdaderos padres.
La decisión de Alicia
Alicia integró las filas de las Farc por 15 años y tuvo a sus dos hijos dentro de la organización.
En medio de un operativo “tenaz”, Alicia tuvo que dejar a su primer hijo, de dos meses, con el encargado del área. Él se lo entregó a “una señora”.
“Después de 7 años, supe más o menos donde estaba”, cuenta. Un compañero combatiente fue la clave para que se concretara un reencuentro.
A Alicia le permitieron pasar tres meses con su hijo, pero transcurrido ese periodo le ordenaron entregarlo y devolverse al campamento.
“No lo quise hacer. Ahí fue cuando tome la decisión (de desmovilizarme)”, dice.
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