Las Farc ya son una guerrilla sin armas lo que supone el final del camino del conflicto pero el inicio de otro trayecto, el que deben hacer sus miembros que tras años de guerra se enfrentan a la incertidumbre de a qué dedicar sus vidas con el miedo constante de su seguridad.
Según el último estudio de la Universidad Nacional, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) hay 10,015 guerrilleros -incluyendo a los presos-, de los cuales al menos 80 son extranjeros.
Son más de 10,000 vidas que sólo conocen lo más crudo de una guerra que les ha llevado a desconectar de su entorno, que les ha aislado de familiares y amigos y que solo conocen un oficio: el de las armas.
Ahora deben emprender el camino de regreso, hacer un esfuerzo ciclópeo que va desde lo psicológico -retornar a la sociedad y saber vivir sin el estruendo de las armas- a lo más tangible: aprender un oficio y tener un sustento con el que construir un hogar.
Los obstáculos serán numerosos y, probablemente, el primero que deban enfrentar es el de la polarización social acerca del proceso de paz que tiene como punto de partida la mala imagen de las Farc entre la opinión pública, así como la desconfianza que generan.
La inmensa mayoría de la sociedad no quiere tener a un guerrillero desmovilizado como vecino o compañero de trabajo y eso dificultará notablemente su retorno social.
La situación se agrava puesto que la inmensa mayoría de los guerrilleros (el 81%) procede de entornos rurales, donde su pasado será difícil que se camufle como sucede entre las masas de las grandes ciudades y se puede convertir en un estigma casi imposible de superar.
Probablemente, el colectivo más damnificado sea el de los cerca de 3,000 presos.
Hasta el momento, siete meses después de la firma del acuerdo de paz, 2,000 de ellos siguen tras los barrotes lo que muestra los retrasos del Gobierno a la hora de cumplir lo pactado.
Esos retrasos generan varias inquietudes entre los guerrilleros que temen por su seguridad pese a que el Estado se comprometió a que no se repitan asesinatos del pasado como los que sufrieron otras guerrillas desmovilizadas o el partido de izquierdas Unión Patriótica (UP) en los años 80 y 90.
Tanto es así que centenares de sus miembros, incluido Seusis Pausias Hernández, alias "Jesús Santrich", uno de los máximos dirigentes, han iniciado una huelga de hambre para que el Gobierno cumpla su compromiso de liberar a los guerrilleros.
Dato
Un elemento clave para el desarrollo de Colombia es que el Estado entre a las zonas en las que hasta ahora las Farc ejercían su dominio.
Que tenga la capacidad de hacerlo determinará en buena medida el futuro no solo de los exguerrilleros sino también de un país que podría conocer nuevas expresiones de violencia reciclada si otras bandas se asientan en esos territorios.
