Río de Janeiro trata de olvidar sus miserias en Carnaval

En Río busca olvidarse de sus problemas y se deja arrastrar por la imaginación, la purpurina y la samba durante el Carnaval.


"En ese Carnaval, por primera vez en la vida, tuve lo que siempre quise: ser otra que no yo misma". Así vivió Clarice Lispector su primer Carnaval. Como ella, Río de Janeiro aparca por un momento sus miserias para entregarse a la fantasía de volver a ser la "Cidade Maravilhosa".

 

Durante unos días, Río pelea por olvidarse de sus problemas y se deja arrastrar por la imaginación, la purpurina y la samba, que "espantan la tristeza de nuestras almas, nos aturden y nos llenan de placer", en palabras de Afonso Henriques de Lima Barreto.

 
 

"Todos nosotros vivimos para el Carnaval (...) todos pensamos todo el año en la diversión carnavalesca (...) Nuestra triste vida, en un país tan triste, necesita de esos espacios de satisfacción y de placer", escribía el genial cronista brasileño hace un siglo.

 

 
Los cariocas intentan olvidarse, por ejemplo, de la tragedia de Emilly, una niña de 3 años muerta en la madrugada del martes cuando unos atracadores tirotearon el coche en el que se encontraba con sus padres, en Anchieta, en la zona norte de la ciudad.

 

O Jeremías, de 13 años, que murió pocas horas después por una bala perdida durante un tiroteo entre policías y "bandidos" en la Maré, el mayor complejo de favelas de la ciudad.

 
 

Emilly y Jeremías son las últimas víctimas de la ola de violencia ha dejado más de 150 muertos en lo que va de año en Río, una ciudad que se desangra con 20 tiroteos al día y que contabilizó 6.700 homicidios en 2017.

 

 
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Hasta el próximo día 14, las informaciones sobre el Carnaval irán ganando espacio en los medios y relegarán a las noticias que antes ocupaban las primeras páginas, como el avance de la fiebre amarilla, que se ha cobrado ya 21 vidas en el estado de Río y golpea a destinos paradisiacos como Ilha Grande.

 

Las calles de la que fue "Cidade Maravilhosa" se vuelven en estos días gigantescas pasarelas para los "blocos" (comparsas), los protagonistas de la fiesta popular en la "rúa".

 

Sus "marchinhas" (himnos) retumban en la ciudad como una expresión de la mejor fiesta del mundo para unos y de "la más profunda miseria mental", como apuntaba Lima Barreto, para otros.

 

"Las comparsas y los grupos salen de sus cuevas y vienen para el centro de la ciudad a soltar cosas infames", lamentaba el escritor, un crítico contumaz del Carnaval.

 

La "folia" (fiesta) barre, casi literalmente, a los mendigos que abarrotan el centro y la zona sur, en especial en los turísticos barrios de Copacabana e Ipanema, la "postal" de Río.

 

Los "moradores de rúa" (habitantes de la calle) se han multiplicado con la crisis en los últimos años y superan los 14.000 en una ciudad que cuenta apenas con 2.000 plazas para atender a indigentes en 37 centros de acogida.

 

Pese a los intentos de las autoridades por dibujar un escenario optimista, Río continúa ahogado por la crisis -con cerca de un millón de desempleados- y no logra superar la "quiebra" que declaró en vísperas de los Juegos Olímpicos de 2016, que dejaron una cuantiosa factura pendiente que los cariocas tardarán en terminar de saldar.

 

Ahora, es tiempo de fiesta y "es nuestra misión, carnavalizar la vida, que está hecha para sambar", reza una popular "marcinha".

 

La periodista Eliane Cantanhêde lo resume así: "El pueblo brasileiro está cansado de escándalos, de robos, de crisis, de ajustes, de todos los partidos involucrados en una nube de confusiones. Pero el pueblo brasileiro nunca se cansa de Carnaval".

 

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Autor
Río de Janeiro / EFE
Fecha y hora de publicación

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026