El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó ayer jueves una desafiante defensa pública, tras ser condenado por corrupción y lavado de dinero, al acusar a sus rivales políticos de tratar de impedir que vuelva a ser presidente.
Un juez federal lo halló culpable en la víspera y lo condenó a casi 10 años de prisión, aunque el carismático dirigente sigue en libertad y apela el fallo.
En un discurso breve y por momentos emotivo, Lula dijo a sus partidarios en São Paulo que la Corte no tenía pruebas y la condena respondía a motivos políticos. Arrancó los aplausos al decir que desea busca la reelección el próximo año.
"Si alguien cree que esta sentencia me sacará del juego, debería saber que sigo en el juego", dijo.
En varios momentos la multitud vitoreó "¡Lula presidente!". Un partidario mostró un cartel detrás de él que leía, "una elección sin Lula es un fraude".
El caso ahora pasa a manos de un grupo de magistrados, y uno de ellos prometió que serán tomadas medidas antes de las elecciones de octubre de 2018. De ser ratificada la condena, las leyes del país establecen que Silva no podría buscar la presidencia.
"Para agosto del próximo año, se tomará una decisión sobre el caso", aseveró el juez Carlos Eduardo Thompson, uno de tres que atenderán la audiencia de apelación.
El expresidente fue acusado de recibir un apartamento frente al mar y reparaciones a la propiedad como soborno de una empresa de construcción, OAS. Lula nunca poseyó el apartamento, pero los fiscales sostienen que la intención era dárselo.
9 años de prisión fue la condena impuesta por un juez federal a Luis Inácio Lula da Silva, al encontrarlo culpable de corrupción y lavado de dinero.
2010 fue el año en que el carismático líder dejó la presidencia de Brasil, con una popularidad por las nube por su gestión social.
