Un testigo del Gobierno de EE.UU. en el juicio por narcotráfico contra Joaquín "el Chapo" Guzmán relató el nivel de vida de su antiguo jefe, que con el "boom de la cocaína" en la década de 1990 lo llevó a tener cuatro jets, casas en cada playa de México, ranchos en cada estado y su propio zoológico.
Miguel Ángel Martínez Martínez, alias "el Gordo" o "el Tololoche", testificó, una sesión ante el tribunal de Nueva York en al que explicó que su entonces jefe le regaló un reloj Rólex con diamantes y durante los noventa le pagó un millón de dólares de salario. En un solo mes, agregó, le llegó a ordenar comprar más de 50 autos, Buick, Thunderbird y Cougar, para regalar a sus trabajadores, quienes podían escoger el modelo.VEA TAMBIÉN: Presidente Piñera promulga la Ley de Identidad de Género en Chile
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Martínez, que trabajó para el Chapo entre 1986 y 1998 también destacó, el incidente en el aeropuerto internacional de Guadalajara, donde asesinaron al cardenal Juan Jesús Posada Ocampo, al que presuntamente los Arellano Félix confundieron con Guzmán Loera. Guzmán Loera, que enfrenta cadena perpetua por 11 cargos de narcotráfico, el principal por mantener una empresa criminal continua y que no perdió detalles del testimonio de su examigo, logró escapar por las correas donde se entregan las maletas a pasajeros, con uno de sus guardaespaldas.
Al día siguiente, dijo, su jefe le informó que se iría de México porque "era mucha la presión" y sus fotos estaban constantemente en la televisión.
Guzmán viajó a Guatemala donde fue arrestado en 1991 y sus casas, bodegas y más de 3.000 kilos de coca fueron entregadas por Martínez a su hermano Arturo, que continuó operando el cartel.
Durante la primera parte del interrogatorio, Martínez, un testigo protegido de la fiscalía cuyo rostro no puede ser dibujado como parte de las extremas medidas de seguridad de este caso, explicó cómo su compadre comenzó a enviar droga a EE.UU. usando un túnel, vehículos con doble fondo y hasta latas de jalapeño con cocaína.Guzmán viajó a Guatemala donde fue arrestado en 1991 y sus casas, bodegas y más de 3.000 kilos de coca fueron entregadas por Martínez a su hermano Arturo, que continuó operando el cartel.