La trayectoria independiente, poco ortodoxa y dramática de James Comey podría perseguir a Trump, el presidente que lo despidió del FBI.
En ese cargo, Comey habló con candor y elocuencia inusuales sobre el trabajo de su oficina, una y otra vez obligado por lo que él describió como sus convicciones fuertes. Esa combinación de cualidades puede atormentar a Trump.
La expulsión de Comey, mientras el FBI dirigía una investigación sobre la coordinación entre Rusia y el equipo de campaña de Trump, plantea el potencial de que el hombre _definido durante mucho tiempo por su estilo independiente, deseoso de resistirse a los protocolos e incluso con cierto gusto por lo dramático_ pueda resurgir para refutar públicamente los intentos de la Casa Blanca para desprestigiarlo.
"Él no es tímido y tiene una enorme brújula moral", dijo el exdirector adjunto del FBI Jim Yacone. "Sobre todo, querrá ver que se sepa la verdad".
La reputación de Comey como defensor de la independencia ya se conocía antes de su llegada como director del FBI. Así se manifestó durante un enfrentamiento en una sala de hospital en 2004 con otros funcionarios del gobierno de Bush sobre un programa nacional de vigilancia. Fue un momento en la historia que él contó tres años después en el Congreso.
Al frente del FBI se adelantó ocasionalmente a los mensajes del gobierno de Obama o incluso se apartó de la Casa Blanca, proyectándose en debates fuertes de política pública.
