Según el diario II Fatto Quotidiano, el negocio – de 112 millones de dólares- no avanzó por el alto costo de la operación. En agosto pasado, según ese diario, el presidente Ricardo Martinelli llamó al embajador de Italia en Panamá, Giancarlo Curcio, para informarle que las cárceles no se harían porque eran “muy caras y no le interesaban”.
Allí, se truncó la operación, también impulsada por el prófugo de la Justicia del país europeo Valter Lavítola.
La empresa italiana que iba a llevar adelante este negocio era Svemar, representada por otro italiano, Mauro Velocci.
Según fuentes vinculadas al contrato, fue justamente Velocci la persona que se reunió con Balbina Herrera el sábado pasado a las 8:00 a.m. en el hotel Marriott del área bancaria para entregarle un paquete de correos electrónicos que intercambió Lavítola con la cúpula del Ejecutivo panameño.
También fue Velocci, frustrado según las fuentes porque no se concretó el negocio, el que entregó los correos electrónicos a los medios.
Una historia entre italianos, capos y vendettas.
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