Las elecciones primarias, si bien representan un proceso democrático que permite la participación de todos los miembros de los partidos políticos, a la vez se convierten en un escenario donde se producen divisiones, enfrentamientos y heridas entre los integrantes de un mismo colectivo, por lo cual en Panamá, para algunos colectivos, se han convertido en un arma de doble filo.
Las elecciones primarias, en la legislación panameña, se introducen por primera vez en las reformas electorales de 1997, y se estableció la obligatoriedad como método para elegir al candidato presidencial en los partidos políticos realizar comicios internos.
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Con la introducción de las primarias obligatorias se buscaba romper con las componendas y acuerdos bajo la mesa que históricamente se daban en Panamá durante las campañas electorales. Acuerdos que luego con meros formalismos se consagraban en una convención partidaria, en la que se hablaba de la compra de convencionales y métodos muy cuestionables y que atentaban contra un verdadero proceso democrático.
Con la legalización de las primarias se abría la oportunidad de que todos los inscritos en los partidos políticos tuviesen la opción de decidir quién sería su candidato presidencial para las elecciones generales. No obstante, estos comicios internos también abrieron el compás para que las diferencias entre copartidarios llegaran más allá de un competencia democrática a los ataques, campañas negativas y sucias, así como a la descalificación.
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Sin duda, uno de los colectivos que más ha sufrido los efectos negativos de las primarias es el PRD, que desde el 2003 hasta la fecha no ha podido recuperarse de ese enfrentamiento entre los aspirantes presidenciales y los grupos que apoyaban a cada figura.
Pero el PRD no ha sido el único afectado por las primarias; situación similar se ha dado en el Partido Panameñista, bien recordado el caso cuando la expresidenta Mireya Moscoso venció a Alberto Vallarino y se dio un divisionismo.
La nota característica es que a quienes pierden muchas veces les hace falta la madurez política para sumarse a los ganadores y trabajar por un mismo objetivo, que es el lograr el triunfo a nivel nacional, distrital, circuital y comunal.
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En ese sentido, la politóloga Cristina Torres considera que en los colectivos hace falta formación política que los haga entender que cuando se postulan a algún cargo, tienen la opción de ganar o perder y que una vez terminado ese proceso se deben sumar al objetivo colectivo, que es el triunfo de su partido político.
"La unidad es una comprensión en apoyar a los candidatos que salieron en las primarias e ir por un solo objetivo, que es ganar las elecciones nacionales", destaca la especialista.
El analista político José Blandón va más allá e indica que los partidos carecen de ideologías y liderazgo, y ante ello, lo que se registra en las primarias es una pugna por el poder, ya que algunas veces, si pierden, se van hacia otro lado donde les otorguen esa oportunidad de poder.
"Esto va a destruir a los partidos políticos como no sepan superarlo. La única forma en que los partidos superen esto es mediante la educación política, y tú no ves a los partidos políticos que le den educación a su gente".
A juicio de Blandón, hacen falta elementos que no tienen quienes militan dentro de los colectivos ni los propios partidos, que son ideología, madurez, capacitación, educación y compromiso.
Por su parte, Edwin Cabrera plantea que la introducción de las elecciones primarias en Panamá ha traído dos consecuencias: una, el costo exagerado debido a que los candidatos tienen que tener dos chequeras, una para los comicios internos y otra para las elecciones fuera de los colectivos; y la otra, es que genera divisiones entre copartidarios.
"Las primarias parecen ser un método más democrático, pero lo cierto es que no hay ni la madurez ni la formación y ni cultura política suficiente para que los que pierden se sumen a los que ganen", indica Cabrera.