Estricta seguridad, montaje y confusión en arribo de Noriega

En medio de un fuerte operativo de seguridad aterrizó ayer, a las 6:25 p.m., el vuelo 6345 de la aerolínea española Iberia en el aeropuerto de Tocumen con 45 minutos de retraso.

El avión fue desviado con los casi 200 pasajeros a la pista tres de la terminal aérea, asignada para los aviones de carga.

De allí bajó, en silla de ruedas, el exgeneral Manuel Antonio Noriega, extraditado por el gobierno de Francia a Panamá.

Esto, luego de casi 22 años de que el exdictador fuera derrocado por el Ejército estadounidense, el 20 de diciembre de 1989, y extraditado a una cárcel en Miami.

Ayer, el “ex hombre fuerte de Panamá”, por razones de salud, lucía más débil que un anciano de su edad: 77 años. Noriega bajó con un sombrero y un abrigo gris que lo cubría casi en su totalidad. Abajo traía una camisa rosada con una corbata roja, contrastando con el traje militar verde olivo que lució en los tiempos en que disfrutó de las mieles del poder.

El operativo para el arribo del exmilitar no solo incluyó medidas de seguridad, sino también un montaje para despistar cualquier atentado contra el personaje.

La maniobra causó confusión entre los medios de comunicación que trataban de cubrir la llegada de Noriega a la terminal de Tocumen.

Para ello, se recurrió al uso de un doble del exdictador y un recorrido falso hasta la cárcel El Renacer por vía aérea y terrestre.

El avión de Iberia fue rodado hasta el hangar de DHL con todos los pasajeros. Allí, Noriega bajó caminando directo a un camión de carga del aeropuerto que lo esperaba equipado con una silla de ruedas.

Dentro del mismo hangar, el camión lo transportó escoltado por dos carros de seguridad de Tocumen S.A. hasta la sala de guardia del Servicio Aeronaval, donde Noriega fue bajado cargado por al menos cinco personas, entre ellas. agentes de las fuerzas especiales de la Policía Nacional. Luego fue trasladado a un carro patrulla, un sedán blanco marca Ford, hasta la cárcel El Renacer.

En medio del operativo, Noriega mostró señales de dolencia por el vuelo de 15 horas desde Francia, pero nada que impidiera continuar con su traslado.

En todo el viaje desde Francia, Noriega estuvo acompañado por el procurador de la Nación, José Ayú Prado, y el representante de la Cancillería de Panamá, Vladimir Franco.

Una vez en Panamá, se sumaron al operativo de traslado de Noriega, el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino; el jefe de seguridad del aeropuerto de Tocumen, José Hilario Trujillo, y altos miembros de la Policía Nacional.

Al mismo tiempo que se daban los movimientos dentro del hangar en Tocumen y a 200 metros, se realizaba un simulacro con el traslado del falso Noriega en un helicóptero. Se trataba de un hombre de contextura y altura parecida a la de Noriega, usando un abrigo gris y en silla de ruedas.

El helicóptero viajó hasta la Academia de Policía, en donde partió otra falsa caravana hacia El Renacer, haciendo ver que se daba el traslado de Noriega .

Pero el verdadero Noriega fue transportado por tierra en el autopatrulla, solo escoltado por un patrulla por la puerta principal del Servicio Aeronaval. A los dos carros que transportaban al verdadero Noriega se le sumaron más adelante otros carros escoltas hasta El Renacer.

Pero la llegada de Noriega al centro penitenciario no solo fue en presencia de los medios de comunicación y de la seguridad, ya que familiares de los caídos del intento golpe del 3 de octubre de 1989 llegaron con cartelones pidiendo justicia por sus fallecidos.

De inmediato, los gritos de la joven Susana Ortega, hija del subteniente Ismael Ortega Tuñón, quien participó junto al mayor Moisés Giroldi en ese intento de golpe, se escucharon afuera de El Renacer. Luego que las patrullas en donde iba a bordo Noriega entraron, los gritos se incrementaron.

“¡Asesino, cobarde!”, gritó Maritza Giroldi, hermana del mayor Giroldi.

Maritza dijo que espera que la justicia panameña haga su trabajo para que los familiares de las víctimas del régimen militar puedan vivir en paz.

Los familiares de las víctimas del 3 de octubre de 1989 también criticaron ayer el trato especial que se le dio a Noriega en su regreso, y advirtieron que se opondrán a cualquier medida que busque sacarlo de la cárcel.

15 horas de vuelo.
Noriega inició ayer su retorno a Panamá desde el aeropuerto de París, en Francia, en un vuelo de la aerolínea Iberia, que sufrió 80 minutos de retraso por las medidas de seguridad tomadas por el gobierno galo.

En su escala de casi dos horas en la ciudad de Madrid, Noriega fue llevado a un recinto privado, fuera de la vista de los pasajeros que hacían conexión con el vuelo a Panamá.

Luego de 15 horas de vuelo, Noriega llegó ayer a las 6:25 p.m. (hora de Panamá) a la terminal de Tocumen.

En el aeropuerto de Panamá el vuelo también sufrió cambios, y fue llevado a un hangar en la pista de carga. De allí el resto de los pasajeros del avión de Iberia fue trasladado en dos buses de turismo al edificio principal del aeropuerto para los trámites aduaneros.

Muchos de los pasajeros del vuelo de Iberia afirmaron a su llegada a Panamá que fueron notificados que viajaban con Noriega cuando aterrizaron; otros dijeron que ya conocían del hecho porque lo habían leído días antes en los periódicos. Sin embargo, todos coincidieron en que Noriega pasó inadvertido en todo el viaje. “No lo pude ver, nos dijeron cuando llegamos”, dijo el español Carlos Hectori.

Rechazo y simpatía.
Mientras el vuelo de Noriega atravesaba el océano Atlántico, el aeropuerto de Tocumen se convertía en uno de los centros de cubertura de los medios de comunicación.

A las 3:00 p.m., representantes de decenas de medios estaban presentes en la terminal para encontrar movimientos de personas en contra y a favor de la figura del exdictador panameño.

Ello nunca sucedió. Fueron pocas las personas que acudieron a la terminal a manifestarse.

Otras asistieron con la esperanza de poder verse frente a frente con Noriega, pero sin llamar la atención.

Este fue el caso de la señora Francia Serrano, quien tímidamente reveló cómo llegó a conocer a Noriega cuando ocupó el cargo de teniente de las Fuerzas de Defensa en Chiriquí.

“Yo lo conocí cuando él apenas tenía una barrita en su uniforme. Él permitió que mi madre viera a su hijo después de tanto tiempo sin saber de él, porque yo se lo pedí. De allí quedé agradecida con Noriega”, dijo Serrano.

La señora aclaró que no es quién para decir que Noriega no es culpable de todos los delitos que se le apuntan, pero señaló que junto a él, también deben aparecer los que habrían ejecutado esos crímenes.

“Noriega no pudo haber hecho todo eso solo”, resaltó.

Mientras, en el Centro penitenciario El Renacer era el lado opuesto de las manifestaciones.

Se trataba de los familiares de las víctimas del intento de golpe del 3 de mayo de 1989 contra Noriega, encabezado por Giroldi.


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Redacción (nacion@epasa.com)
Fecha y hora de publicación

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Jueves 28 de mayo de 2026
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