Gilberto Ventura Ceballos no solo ha tenido la facilidad de escapar de la cárcel y obtener muchas identidades, sino que también ha demostrado ser diestro en armar negocios donde se instala.
Investigadores policiales de Costa Rica han brindado detalles de cómo el hombre más buscado de Panamá logró establecerse en el país centroamericano respaldado por una organización criminal de integrantes colombianos que le facilitaron una identidad falsa y con ella una vía para ejercer el comercio.
Reportes policiales indican que Ventura Ceballos arribó a Costa Rica como un empresario exitoso. Llegó a ser propietario de un local comercial para la venta de repuestos y era el accionista de una gasolirena.
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Medios panameños y del país vecino, donde Ventura Ceballos se refugió durante nueve meses, indicaron que el sujeto no permanecía en un solo domicilio.
Incluso Ventura Ceballos empezó a tener éxito en los negocios, ya que al parecer la estación de combustible de la cual era socio, resultó ser la más concurrida de la población de Jacó, en el cantón de Punta Arenas.
Anteriormente, el hombre de nacionalidad dominicana había demostrado facilidad para utilizar los negocios de venta para esconder su pasado manchado por acusaciones de hechos de sangre.
Antes del 2011, el que había sido evadido de la cárcel La Joyita tenía en Panamá un negocio de venta de celulares identificado como Celulares La Solución, en La Chorrera.
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También en ese entonces Ventura Ceballos buscó una asociación con Alcibíades Méndez, quien después declaró el secuestro de los cinco jóvenes panameños de
ascendencia china, de quienes pidieron recompensas por sus vidas, pero al final sus cuerpos fueron encontrados en una fosa común.
Este tipo de fachada, más el dinero obtenido por cada rescate que se estima fue de unos 243 mil dólares, permitió que el extranjero manejara fuertes sumas de dinero, de los cuales se desconoce si hubo algún decomiso.
Además de esto, a Ventura Ceballos se le ha identificado como un hombre encargado de recuperar el dinero de empresarios que no pagaban a la organización criminal, de la cual ya era una pieza clave.
Reportes de medios indican que cobraba la “cuota a cuota”, al poseer en su currículo la identidad de secuestrador y asesino que intimidaba más a los deudores.
El día de su captura, Gilberto Ventura Ceballos no daba luces de parecer un hombre perseguido por la justicia. Al contrario, acudía a una ferretería para comprar brochas y pinturas y realizar labores cotidianas. Vestía suéter, pantalón jeans y tenis de marca, aunque lucía cabizbajo y portaba una gorra que confundía a cualquiera que hubiese escuchado hablar de aquel supuesto verdugo de jóvenes chorreranos, de cabello amarillo y cicatrices en su cara.
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