Primarias en EE.UU.

Resulta sumamente interesante la preelección norteamericana, colmada de competencia y sorpresas. El Partido gobernante que aspira modificar la tendencia a la alternativa, libra una fuerte lucha entre dos aspirantes a la candidatura electoral, y no menos con partido contrincante.

El precedente político ocurre con una candidata a la presidencia, aunque ni aporta ni quita una tendencia en la etapa interna partidaria. El contendor levanta simpatía y apoyo inesperado para los politólogos.

Hillary Clinton da la imagen del político tradicional, sin embargo, Bernie Sanders alcanza grandes simpatías entre la juventud por su mensaje y personalidad propia, lejos del político habitual norteamericano. El senador enarbola un mensaje social más explícito y se identifica socialista demócrata.

Donald Trump, carismático y controversial hasta el momento, en los caucus o asambleas selectivas, en determinados estados, lleva la delantera, aunque por su personalidad y campañas electorales no debe mantenerse en el lugar según los expertos.

La controversia entre los seis candidatos resulta ácida y de poca altura. Los candidatos Trump y Cruz hasta el momento ganan el mayor apoyo partidario.

En febrero, probablemente termine la competencia interna partidaria y queden solos, los candidatos aspirantes a la presidencia de la nación en cada partido, Demócrata y Republicano.

La proyección de cada uno, personalidad y credibilidad que puedan ganar en sus respectivos programas políticos, sociales, económicos en torno a la opinión pública inclinará la balanza.

Si priman los criterios conservadores y el principio de la alternativa, los nuevos inquilinos de la Casa Blanca serán los actuales opositores al presidente demócrata Barak Obama, y el giro a la política norteamericana será enorme.

En caso contrario, debe presentarse una continuidad relativa a los criterios predominantes en el Partido Demócrata y al actual gobierno, sin perjuicio de las variantes novedosas de Sanders, si alcanza la postulación victoriosa.

La nación con una problemática doméstica compleja, en gran parte producto de la constante inmigración y su política exterior beligerante, presenta un cuadro difícil de conceptuar e interpretar en los discursos y propuestas electorales.

La recuperación europea y asiática, en otra medida menor en África y Latinoamérica, han modificado sustancialmente los escenarios para la política exterior y las economías, vernácula e internacional, sobre bases mucho más independientes y competitivas. Los mercados comerciales y financieros presentan nuevas alternativas.

El sueño norteamericano que preconizan los políticos ya no está tan próximo, a la vista. Las promesas no son tan evidentes. Veremos el cursar electoral. El sueño pareciera un tanto al de la Navidad, para los niños ricos y pobres.


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autor
Jorge Puente Blanco (opinion@epasa.com) |
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