Cuando en una nación existe buena voluntad, una verdadera enseñanza elevaría el nivel de preparación contemplando beneficio de la educación. Estos retos conllevan transformaciones que exigen una ardua preparación tanto para el estudiante como para el docente, con verdaderas herramientas básicas para niños y jóvenes, quienes son la verdadera fuente de transformación de la sociedad panameña.
Sin embargo, todo cambió en 1979, cuando se dio la reforma educativa siendo una fuente de inmensas controversias en las que los más afectados fueron los estudiantes. Y 37 años después, encontramos un nivel educativo deficiente debido a la poca enseñanza que reciben los estudiantes por factores como la poca asistencia a clases, un rendimiento deficiente, acompañado de altos niveles de fracasos y los intereses políticos dentro del gremio docente que al iniciar el año escolar no se cansa de planteamientos esquemáticos cuyos intereses favorecen sus anhelos dejando por fuera el verdadero propósito que debe plantearse todo docente.
La verdadera visión de un docente es enseñar sus conocimientos, con el fin de preparar hombres y mujeres al servicio de la nación. Pero qué podemos decir cuando se piensa en una jornada única en todas las escuelas del país. Esto conlleva una preparación desde que el niño se forma en las primeras etapas, al momento que ingresa a la escuela desde kínder hasta sexto grado. Es allí donde los docentes deben amortiguar y destruir el problema hereditario que por años ha dañado el sistema educativo panameño.
Por años convivimos con los estadounidenses, nos enseñaron sus costumbres y tradiciones, sin embargo, no aprendimos la fuente socioeducativa, conocimientos e ideas que en ocasiones nos transmitieron.
Lo fundamental es hacer énfasis a la implementación de materias como Ciencias Sociales porque muchos de nuestros estudiantes desconocen verdaderos hechos cronológicos que dieron motivo para que gocemos de una plena dependencia, democracia y libertad. Pero una de las materias más cuestionada es el Inglés, en la que muchos de los jóvenes tienen una verdadera deficiencia. Por años les aprendimos a los estadounidenses en el istmo su idioma y nunca hubo dificultad en el habla, ya que la mayor parte de ello se encontraba ligada a la enseñanza de nuestras materias escolares por el vínculo que existía entre ambas naciones. Sin embargo, no es meritorio decir y definir que no puede aprender un idioma, ya que solamente se requiere de la práctica para efectuar una mejor preparación. Pero es necesario hacer un llamado a los docentes que inician en este año el periodo escolar, ya que su mayor prioridad es la enseñanza en las aulas con la finalidad de romper esquemas y paradigmas negativos que no proyectan cambios positivos. Hay que ser positivo y mejorar los daños que todavía existen en el sistema educativo proyectando una educación de excelencia en Panamá.