En Panamá pasa de todo

 

 

No podemos seguir pensando que en Panamá no pasa nada...

 

 

 

En Panamá pasa de todo, pero prefiero enfocarme en las cosas positivas y no en las sensacionalistas como lo son el caso de los Panamá Papers, ocasionados por personas con iniciativas de negocio legalmente factibles, pero moralmente torcidas; el caso Waked, cuya repercusión en el ambiente de negocios ha sentado precedentes negativos y cuestionamientos de posibles motivos ocultos de grupos económicos y que el Gobierno americano simplemente se limita a indicar que está en su derecho de decidir a quiénes incluye en la lista Clinton. Como lo es el caso de la "separación unificada" de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial que siempre ha existido en las épocas "democráticas" de la República. Como lo son los casos de los sindicatos de trabajadores y profesionales que les interesa más sus beneficios personales que los colectivos y del país.

 

Sí, en Panamá pasa de todo. Y pasa desde los inicios del Istmo, cuando un movimiento de las placas del Pacífico y del Caribe empujaron el fondo marino, creando uno de los acontecimientos geológicos más importantes en los últimos 60 millones de años, al impedir la conexión entre los dos océanos con un gran impacto en el clima mundial y creándose la corriente del golfo.

Somos un país cosmopolita, con abundancia de peces y mariposas. Sus ciudadanos están entre los más felices del mundo. Nuestro escudo nos identifica con la frase: Pro Mundi Beneficio... para el beneficio del mundo. El crecimiento económico de Panamá es constante y el mayor de Latinoamérica y uno de los mayores del mundo, aunque esto no se refleja en los más necesitados aún, ni en la educación.

En Panamá pasa de todo, porque nos convertimos en puente del mundo, corazón del universo, en el momento en que Vasco Núñez de Balboa avistó el océano Pacífico desde el cerro Pechito Parao. Desde que en Washington, el presidente Theodore Roosevelt apretó el botón que unió los dos océanos por un canal, el que nos fue devuelto después de múltiples luchas libertarias, coronadas por nuestro movimiento institutor del 9 de Enero de 1964 y los Tratados Torrijos-Carter.

 

Sí, en Panamá pasa de todo. Pasan muchas cosas buenas y algunas cosas malas. Pero como en todo el mundo, se les da más importancia a las cosas malas. Las buenas no venden noticia y la mayoría de ellas pasan desapercibidas o se dan por hecho.

Somos un pueblo de memoria y pantalones cortos, donde lo malo se olvida y de lo bueno nadie se acuerda.

Es hora de que elogiemos, imitemos y conservemos las cosas buenas, y que las cosas malas no se guarden en los archivos del olvido, por más incómodas que sean y aunque se promulguen leyes que permitan borrarlas. Más bien debemos recordarlas para que no se repitan y aspiremos a que exista la certeza del castigo sin temor a represalias selectivas.

 

Sí, en Panamá pasa de todo… pero es hora de que nada se olvide por el bien de nuestras futuras generaciones. Es hora de ponernos los pantalones largos.

 

Exalumno del Instituto Nacional/Generación 64-65


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Antonio Mola/opinion@epasa.com/
Fecha y hora de publicación