El dios de la TV

Una especie de jaula que alberga a cierta cantidad de personas, en la que en muchas ocasiones las conversaciones no son las más adecuadas, sale a relucir la ira, angustias y preocupaciones, eso es lo que se conoce como reality o telerrealidad.

Los realities han ocupado un lugar preponderante en la audiencia a nivel mundial desde hace muchos años, pues los televidentes quedan envueltos en la trama de los concursantes e incluso, algunos se identifican con sus relatos.

Un poco de historia

Según expertos en producción de realities, a nivel internacional, este estilo no es tan nuevo. En 1948, una cámara escondida fue la protagonista del programa "Candid Camera", en Estados Unidos, y los concursos de TV de los años 50 fueron como los abuelos de los realities de hoy.

 

El pionero del género como tal fue "An American Family", un programa de 1971 en el que una cámara seguía semana a semana la vida de una familia, cuyos integrantes saltaron al estrellato. Canales de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, en 1974 copiaron el concepto, pero sin obtener buenos resultados.

Con el pasar de los años se fueron sumando programas de este mismo estilo como "Cops", "Nummer 28", "The Real World, "Keeping Up with the Kardashians" (que se ha convertido en uno de los clanes más rentables para el 'show bussines' estadounidense) y no podemos dejar por fuera a "Big Brother", de Panamá.

¿Por qué las personas se envuelven tanto en las historias de los participantes? Según la psicóloga Geraldine Emiliani, esto se debe a que es su propia realidad y es lo que conviven a diario. La audiencia queda encapsulada con muchos de los que allí conviven, pues sus cuentos los hacen sentir identificados.

 

Explica que dentro de estos concursos hay una realidad, y es que la única herramienta para divertirse o llorar, o por el simple hecho de no tener más nada que hacer, hay un público dispuesto a someterse a lo que la televisión ofrece.

Sangran mentalmente

Como un sangrado mental califica la experta a los actos o acciones que realizan o tienen que hacer los chicos dentro de las cuatro paredes de una casa. "No estoy de acuerdo con este tipo de programas, no me gusta ver sufriendo a un grupo de personas a diario, a cada minuto, a cada segundo vis- lumbrando cómo se lastiman hasta sangrarse mentalmente; no es prudente y no es conveniente", enfatiza.

¿Aporte?

El estar encerrado por tanto tiempo, observando lo mismo de siempre, la misma rutina, no tener más nada que hacer, la ociosidad de todos los días, los lleva a un comportamiento diferente al que realizan a diario fuera del lugar. "Llega un momento que -sabiendo que hay un público afuera que los está observando cada paso que dan- no les importa mostrar sus más bajos instintos de supervivencia", dijo la especialista.

 
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José I. Huertas F. /jose.huertas@epasa.com/@joseismael1905
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