¡Wopa! Es lunes en la mañana y estoy sentado en la sala de la "chantin", ayudando a 7 personas distintas por medio de "coaching" por Whatsapp.
Las 7 personas están trabadas buscando respuestas para poder avanzar. Las siento enredadas, tristes y hasta cabizbajas.
Durante este sentir, algo capta mi curiosidad. Las 7 personas están conversándome sobre "por qué" sucedió A o B suceso. Por ejemplo, una muchacha me dice: "Me salí de mi centro porque mi pareja" tal cosa.
Así como ella, todos están rondando en el "porqué" y, entre más lo hacen, más se me están hundiendo en sentimientos de impotencia.
Ella se queda pensando y dice: "¿Para qué me salí de mi centro?". Yo digo: "Sí, ¿para qué?". Me responde: "No sé", y yo pienso: "Genial. Esta es la respuesta que nos falta para resolver la ecuación". Le pido: "Aunque no sepamos la respuesta, "porfa", hagamos el siguiente ejercicio, ¿qué posibles opciones hay?".
De entre las respuestas tentativas a 'para qué', una le hace clic. Y así descubrimos que le encanta ayudar, que ha estado ayudando a su pareja en una forma que él no necesita y que se salió de su centro para mejorar la forma en que ayuda a su pareja. Luego me contó cómo se va a adaptar a lo que él necesita.
En su voz y palabras, ahora siento alegría. Se le abrió una oportunidad bien "pritty".
El "porqué" nos mete en un estado mental de "Por tal cosa, esto es así". Es una explicación. Y si solo rondamos en explicaciones, nos mantenemos en un "loop" que nos hace sentir impotentes.
La respuesta mágica está en el "para qué". Aquí están las soluciones. Apenas nos respondemos "para qué'" se nos expande la visión, se nos amplía el futuro. Con el "para qué" logramos encender nuestras luces para ver el camino que tenemos en frente.
Cuando el evento termina, ella y yo estamos parados en la esquina observando a las mil-y-pico de personas salir del salón, y me comenta: "Estoy frustrada por _____ (una buena tanda de 'porqués')". Aprovecho y pregunto: "Ya me dijiste los porqués, ahora "porfa"´, dime, ¿para qué estás frustrada?". Ella es chiquita, así que levanta la cara y me mira a los ojos diciendo: "¿Para qué estoy frustrada? Eso no hace sentido". "Exactamente", le respondo. "No hace sentido estar frustrada. Entonces, ¿para qué lo estás?". Cambia la mirada, sonríe fuertemente y dice: "Claro, ya comprendí". Y justo con esas palabras siento cuando su cuerpo entra en estado de alegría. Este estado cambió su percepción y le permitió potenciarse para su próxima actividad.
El "para qué" es mágico. Es la respuesta que necesitamos. Es una herramienta de vida que podemos trabajar en 4 pasos:
1. Hacerme la pregunta: ¿Para qué ____?
2. Escribo todas las opciones posible (aunque sean tentativas, las escribo en texto).
3. Reflexiono sobre estas opciones.
4. La que me hace clic me abre la visión, me enciende las luces hacia mi camino nuevo (entre más "para qué", más luz).