Terminamos el año 2016 y entramos al nuevo año 2017 y seguimos escuchando las opiniones de los analistas políticos, economistas y sociólogos en la misma línea desde que se inició el gobierno del presidente Varela. Parece haber cambios, sí, pero con tendencia negativa o a la baja en todos los sectores que conforman el quehacer económico, social y de aplicación de la justicia en el país.
Entramos en un periodo evidente de recesión económica, donde crece el desempleo, sube el costo de vida, se incrementa la inseguridad en las calles y en las propias residencias, que ahora son atacadas por delincuentes a cualquier hora del día, los periódicos destilan sangre con la cantidad de asesinatos que se dan a lo largo del país. El país parece ir desvaneciéndose, con su centro bancario y sistema financiero bajo ataques externos que tienden a debilitarlo. Los denominados Panamá Papers han deteriorado la imagen del país sustancialmente, ahuyentando la inversión extrajera, necesaria para sostener el crecimiento económico.
A todo esto, el gobierno del presidente Varela sigue paralizado con una ejecución débil, que podríamos definir de una manera más precisa y evaluarla con el calificativo de un "gobierno con una ejecución mala"; es decir, un gobierno que ejecuta mal, sea lo que fuere, lo que en la práctica se traduce en lo que se llama "un mal gobierno".
Ante este panorama tan desalentador para tirios y troyanos, muchos nos podríamos preguntar si de alguna manera es posible restablecer un rumbo adecuado para la nave del Estado que parece estar a la deriva, con un capitán que está totalmente desorientado. Muy a nuestro pesar, no se vislumbra la posibilidad de que el presidente acuda a buenos cerebros, que lo asistan para no naufragar a corto plazo. Es decir, que lo ayuden a establecer "un buen gobierno". Para tal fin parece inminente reunir los mejores cerebros de la dirigencia política y social de nuestra sociedad, hombres con la experiencia y el talento adecuado para provocar un consenso nacional que saque al país del "hueco", como se dice coloquialmente. Un buen gobierno requiere de una buena administración, es decir, debe tener la aptitud y tendencia a la toma de las mejores decisiones administrativas, algo que no vemos en este gobierno.
Una alternativa para salvar la situación y poner el contador en el kilómetro cero es convocar una asamblea constituyente, que tal como ocurrió en 1946, proponga una Constitución que determine las varias maneras viables para enmendar todo este desasosiego socioeconómico al cual nos ha conducido el actual gobierno, que ha producido efectos peores que los de estar bajo una epidemia de dengue, malaria y tuberculosis, todas al mismo tiempo.
Ingeniero