La honestidad no es precisamente la carta de presentación de ninguno de los personajes de "Los ladrones también somos honestos".
Es un velorio. Huele a podrido, y no es Doña Andrea. Es algo que se cocinó o se está cocinando.
Cuando manda el dinero no hay que sorprenderse de que extraños sucesos tengan lugar. Todo se trastoca. Hasta la mente y sentimientos de las personas. Máxime si no tienen educada la conciencia para que los guíe y les impida caer en actos delictivos y en la inmoralidad.
"Los ladrones también somos honestos" tiene como director a Félix Gómez.
La obra, en teatro El Ángel, es una adaptación de una comedia de los 40. Pone en guardia a todos los personajes. Unos ricos y de cuya prístina reputación nadie hubiese dudado, otros de orígenes y conductas cuestionables y los que no se sabe de dónde salieron, pero vienen a ser como los tonos grises de este cuadro.
Esta comedia trata de la metamorfosis que se produce a raíz del fallecimiento de Doña Andrea, una pudiente dama y de cómo fiarse del otro viene a ser un grave error que puede sacar de la jugada a los incautos. También muestra cómo la piel de oveja se desprende y deja ver las fauces del lobo y su negro corazón.
Luis Gustavo Macías, Neysa Ferguson, Augusto Poso, Alí Arrocha, Mike Pérez, Massiel Quintana, Luis Saldaña, Gleydis Peraza y Valeria Moreno forman parte del elenco de la obra, cuyas funciones este sábado son a las 5:00, 7:00 y 9:00 p.m. y el domingo a las 4:00, 6:00 y 8:00 p.m.
Que la mentira, el crimen y la deshonestidad no pagan son mensajes de esta comedia, en la que los ladrones comunes y corrientes se defienden de quienes los estigmatizan y los critican y son peores que ellos.
Tres cosas concluyen los ladronzuelos de poca monta de esta hilarante pieza de teatro: que la calle está dura, que al lado de los de saco y corbata, ellos son bebés de pecho y que rata es rata, no importa si es de alcantarilla o si come queso fino.
El teatro muestra conductas humanas encomiables y execrables y en esta obra quedan de relieve las segundas. Algunos de los implicados en hechos reprochables buscan excusas baladíes para justificar su proceder. Otros no hacen ni el menor intento, les da igual lo que piensen de ellos. También están los expertos en aparentar lo que no son. Pero más tarde o más temprano terminan desenmascarados.