Catedral Metropolitana

Por: Redacción 16/11/2017

Desde enero 2016, el madrileño Consorcio La Antigua lleva a cabo los trabajos de rehabilitación del edificio colonial que alberga la Catedral Metropolitana de Panamá, contando con un plazo de 730 días para concluir los mismos. Su construcción inicial tomó 108 años (1688-1796) durante una época de penuria y decadencia en la ciudad y su diócesis, circunstancias que explican el porqué y cómo de su arquitectura y recinto interior original. Su fachada-retablo de empeño decorativo y espiritual; sus torres-campanarios de forma prismático cuadrangular; sus portadas del Perdón y laterales del Evangelio y la Epístola; su techumbre con cimborrio y armadura de "par y nudillo"; su pavimento original de ladrillo en "espina de pez"; su señorial planta de cinco naves longitudinales y nueve transversales muy similar a la de su prototipo limeño, provista de presbiterio, crucero y espacio para 12 capillas; su sacristía mayor y menor; su cripta abovedada en ladrillos (quizás única en Panamá), su coro, baptisterio y demás elementos se conformaron dentro del contexto artístico del barroco tardío y neoclasicismo dieciochesco hispanoamericano. Estas nuevas obras, más de dos siglos después, son necesarias para adecuarlas a su nueva posición y función como basílica de Santa María la Antigua, para subsanar los estragos del tiempo y las limitaciones impuestas por dicha coyuntura de pobreza inicial.

Así, su conservación actual requiere una consistencia física acorde con un siglo XXI más próspero y avanzado, sin "congelarla" en el pasado (como si se tratara de una momia), que permita su goce arquitectónico y religioso a presentes y futuras generaciones, conforme a las características estéticas e históricas de un monumento vivo, continuamente en uso por más de 300 años. El solar y edificio de la catedral son propiedad de la arquidiócesis, cátedra del obispo de Panamá, pero declarado "monumento histórico nacional" en 1941, parte del "conjunto monumental del Casco Antiguo" desde 1972 y "patrimonio de la humanidad" distinción concedida por Unesco en 1997, lo que justifica por partida triple el uso de fondos públicos para dichas obras. Naturalmente, han surgido problemas de planificación y ejecución, dada la complejidad de la intervención, como objeto y sujeto de un contrato estatal (N.° 068-15), hoy bajo la supervisión del Ministerio de la Presidencia. Las normativas nacionales e internacionales que rigen el complejo trabajo de restauración colegiada, compuesto por arquitectos-restauradores, asesores, técnicos, historiadores, arqueólogos y demás expertos, sumadas a esa espesa telaraña hilvanada por reglamentos y rivalidades burocráticas locales, han llevado a múltiples cuestionamientos gremiales, laborales y gerenciales.

Además, existen objeciones y opiniones diversas por lo que algunos estiman "falsos históricos" – pavimentos y altares de mármol; cielorraso abovedado; retablos e imaginería nuevas para las capillas; nuevas puertas monumentales de madera con adornos y remates; etc., - que no riñen con su clara estirpe española modelada en la catedral limeña, máxime cuando nada original queda en su interior salvo su estructura.

Este edificio y su espacio interno constituyen un "teatro sagrado" para la escenificación de la liturgia católica, démosle un nuevo resplandor para el siglo XXI.

Ciudadano