El cultivo de necesidades prolongadas
La entraña prolongada de las grandes necesidades colectivas podría regir los destinos de las próximas elecciones del 2019. Factores como educación, proyectos sostenibles, consensos nacionales, infraestructura pública, quedarán relegados en esa carrera por consumir todo aquello que se ofrezca y que recibirá el mejor postor de nuestro electorado. Desafortunadamente, esas prebendas de tipo electoral no tienen beneficio alguno más allá del tiempo de la digestión individual de aquel que los recibe y los consume.
La gran pregunta de cómo hemos llegado a esto es factor de consideración de todos en nuestro país. En lo personal, lo atribuyo a una cadena interminable de patrones que se van legando de una generación a otra y al cultivo cuidadoso e intencionado de grandes necesidades colectivas, propiciadas precisamente para que por siempre existan los estados de carencia, haciendo héroes de todo aquel que sencillamente prometa resolverlas. De esa manera, las obras públicas se convierten simplemente en los remedios momentáneos, pero nunca en verdadera cura que atiende de raíz la enfermedad. De manera tal que tenemos parte de una casta política criolla que no ve en la necesidad del pueblo un mal, sino una oportunidad genuina de encumbrarse. ¿Por qué ofrecer a nuestra población soluciones sostenibles en el tiempo –piensan ellos-, si son precisamente esas carencias las que hacen de ellos los salvadores y mesías quinquenales? Más vale para ellos el hambre sostenible y cuidadosamente fomentada, que las soluciones básicas y permanentes de la educación, el trabajo y la salud.
Todo lo anterior se asimila a la teoría solera, por medio de la cual la confederación del sur de Estados Unidos pretendía fundamentar la esclavitud como factor vital para la economía. No permitir al individuo cultivarse más allá de lo que el cuerpo le exigía; cualquier medio de lectura que elevara a la persona desde el músculo hacia el intelecto, sería una transgresión, entonces, a ese principio tan vital. En forma similar, pero con leve mestizaje en sus aplicaciones, parece que muchos son esos actores de la vida pública que sostendrán ese principio, que aboga por hacer más sostenible la necesidad y la pobreza colectiva; que busca sólo propiciar las soluciones que enmiendan, pero no que rectifican esos males de manera permanente; que admiran más el hambre electoral del individuo que la dignidad del ciudadano aquel que los elige.
La solución también es básica; romper con todo esquema que fomente esos principios que mutilan en el ser humano la fe y la esperanza en un mejor mañana.
Abogado