Pablito Ortíz, un maestro de la Normal Rural de David, 1932
Mi madre, Manuela Moreno Caballero, fue de las primeras promociones de maestros de la Normal Rural de David, hoy Colegio Félix Olivares. Institución que le dejó valores y comportamientos imborrables.
Entre las décadas de 1920-40, formó la Normal a los docentes que acometieron la formidable tarea de enseñar a leer y escribir a una población rural dispersa, mayormente campesina e indígena.
Les inculcó la Normal una fuerte ética del trabajo, levantar escuelas si no las había, establecer huertos escolares y difundir los conceptos de la salud pública moderna. Les imbuyó un orgullo por la hermosura de estas tierras de altas serranías, cruzada por ríos rápidos cristalinos, cubierta de selvas, desde los bosques nubosos del Volcán Barú hasta los manglares del Golfo de Chiriquí.
Era el normalista como un legionario romano, disciplinado, ejemplar en su conducta, pulcro en vestir, esmerado en el hablar y con sumo respeto a los mayores. A la gente del campo le inculcaron que ahora pertenecían a una nueva nación, la República de Panamá.
En 1995 tuve el gran placer de entrevistar a Don Pablito Ortíz quien fue de la promoción de mi madre, 1932. Esto me narró de La Normal, de su estricto director, Dr. Sebastián Gilberto Ríos, y del primer campo a la cual fue asignado entre las provincias de Chiriquí y Veraguas cuya población era mayormente guaymí o como hoy se denominan, ngöbes.
En 1923 el gobierno creó dos Escuelas Normales, una en Aguadulce y otra en David. El objetivo de ambas era preparar maestros que sirvieran en los campos, En esa época solo graduaban maestros el Instituto Nacional y la Escuela Normal de Institutoras en Panamá. Los pocos que se graduaban se quedaban enseñando en la capital. Era imperativo preparar maestros en pocos años para los campos.
“El primer director de la Normal de David fue el destacado educador Félix Olivares, graduado del Instituto Nacional. A los dos años de fundada la Normal Rural de David, regresó de Europa el Dr. Sebastián Gilberto Ríos, quien prefirió venir a su tierra como director de la Normal Rural de David y no aceptó el alto cargo que le ofreció el gobierno en la capital.”
“El Dr. Ríos era chiricano y obtuvo esmerada educación en famosas universidades de Europa. Hablaba cinco idiomas, era un caballero a carta cabal, de principios morales y religiosos muy bien situados.”
“El programa de estudios fue primero de tres años, de cuatro después. El primer grupo se graduó en 1932. Eramos 24 que recibimos un diploma que decía Maestro Normal Rural “.
“El objetivo de esa escuela era capacitar en 3 o 4 años a maestros para servir en los campos más apartados enseñando a leer, escribir, matemáticas, y era prioritario la enseñanza teórica y práctica de la agricultura. Todo exalumno de la Normal Rural tenía la obligación de hacer un huerto y un jardín en la escuela donde trabajaba.”
“La disciplina en la Normal Rural bajo el Dr. Ríos era muy rígida. No se fumaba, ni profesores ni alumnos. No se tomaba tragos ni se bailaba. Mucho menos estar enamorando. El Dr. Ríos impartía clases de baile al estilo europeo, bailando separado de la pareja, y con mucha reverencia se le invitaba a bailar y se le agradecía haber bailado con ella.”
“La Normal tenía un lema 'La vida es acción vívela’. Tenía su periódico editado cada mes y se llamaba El Centinela del Valle, por el Valle de la Luna, el nombre de Chiriquí en lengua doráz.”
“Los terrenos donde hoy está el Colegio Féliz Olivares fueron de la Normal Rural y allí hacíamos prácticas bajo profesores de agronomía contratados en Cuba, Perú y Puerto Rico, pues en Panamá no había. Franklin Linares era de Puerto Rico y Castillo era cubano. Estas prácticas agrícolas machete en mano eran iguales para varones y niñas. Esas 20 hectáreas han sido invadidas por precaristas, acaparadores.”
“El gobierno obsequió a la Normal mil hectáreas de terreno en Santa Clara, Renacimiento, para que los Centinelas del Valle o sea sus exalumnos se dedicaran a la agricultura. Terrenos que corrieron la misma suerte que los del Félix Olivares.”
“El mismo año de nuestra graduación todo el grupo fue nombrado en los lugares más apartados de la provincia. A mí me tocó ir a Cerro Viejo, zona indígena en los límites de Chiriquí con Veraguas. Gasté tres días para llegar a ese lugar. Me embarqué en Pedregal en la gasolinera El Águila de los hermanos Halphen, de origen francés. Salimos a las seis am. y llegamos de noche a Remedios. De allí gasté dos días a caballo”.
“Me alojó una familia latina que me dieron casa y comida por seis dólares al mes. Se llamaba Pablo Duarte y su señora Dominga Murgas.“
Antropólogo