Desde Nebraska hacia Panamá

Por: Redacción 23/12/2017

Suman cuatro décadas desde que me recibí en la Facultad de Administración de Empresas de la noble Universidad de Nebraska. Al arribo en automóvil, a través de la carretera interestatal 80 desde Iowa en dirección oeste, nos recibe un enorme letrero: "Nebraska, la buena vida" al cruce del puente entre Council Bluffs en Iowa y Omaha, su centro metropolitano principal. Una hora después, entre maizales a ambos lados de la vía, curioseamos su capital, Lincoln, sede del centro universitario con 20 mil estudiantes de todos los rincones del planeta, en el mero centro de la nación norteña.

Allí se respira el verdadero sentir de "americana", la razón de ser de ese país, su cultura y civilización, con arraigadas tradiciones. Hogar de Warren Buffett, el ultrabillonario que lo ha logrado todo con el sudor de su frente, sede mundial de seguros y reaseguros, centro agrícola por excelencia, corazón del fútbol americano y cobijo de gente bonachona, trabajadora y feliz. Rima con Alaska y sus crudos inviernos son igual de fríos, dotándole a uno de carácter y dolorosos labios agrietados.

El martes llegó al Istmo el Dr. Kalu Osiri. Le dicen John. Oriundo de Nigeria, la nación más proactiva del continente africano, recientemente sobrepasando a Sudáfrica como líder económico continental. Egresado del Programa de Desarrollo Gerencial de la Universidad de Harvard, Doctorado en Química Bio Analítica por Louisiana State University, con Postgrado Doctoral en Negocios Internacionales y Emprendedurismo por la Universidad de Florida, John funge como director del Programa de Negocios Internacionales de la Universidad de Nebraska.

Más allá de sus ilustres credenciales y títulos, este sencillo pedagogo internacional, autor, empresario y orador es un mentor de excelentes estudiantes, moldeando un novel concepto que difiere de los múltiples programas de visitantes universitarios de allende que hemos acogido durante los últimos años. Se diferencia porque trata más que una visita a las esclusas de Miraflores del Canal de Panamá.

Posterior a una blanca Navidad y el paleo de nieve para resurgir de sus viviendas, la semana próxima nos nutre la savia de entusiastas estudiantes de variadas disciplinas de la Universidad de Nebraska, curiosos por intimar las costumbres istmeñas. Durante el semestre otoñal tomaron un curso para el mercadeo de teca panameña en el mercado estadounidense y el diseño para la renovación de un dormitorio estudiantil con energía solar en la provincia de Chiriquí. Como quien dice, no vienen aquí a vacacionar.

Por supuesto, me interesa sobremanera el impacto de su visita porque en un mundo globalizado, si Nebraska es la buena vida, Panamá debe ser el paraíso. Así como Nigeria en el continente africano del siglo 21, gozamos de un venturoso potencial en las Américas, que incluye el otro lado de la muralla de Trump. Con un novel liderazgo político, sano, puro y libre de la corrosiva corrupción que nos ha caracterizado, así como los nocauts de Durán, ¡nadie, nadie nos supera!

Me toca recibirles con el especial afecto que merece mi "alma mater" con una intimación que susurre en la memoria de los ilustres visitantes el resto de sus vidas la grandeza del corazón de este pequeño gran país, para que a futuro nuestros lazos conlleven el desarrollo de un nutrido grupo de estudiantes canaleros en ese centro de estudios y sus continuados proyectos en beneficio del desarrollo del pensamiento en el teatro de operaciones istmeñas. ¡Manos a la obra, John!

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