Justicia mediática
Entre las concepciones religiosas que desde niño me inculcaron mis padres, aprendí sobre la existencia de un Dios supremo. Un ser que mora en los cielos y que por grande o complejo que sea el planeta tierra o por mucho que seamos los que en él habitamos, siempre está místicamente situado arriba de nosotros desde donde nos vigila y justiprecia nuestro actuar.
En los últimos tiempos, he tenido una sensación progresiva que, en los temas de justicia, algunos medios de comunicación juegan a ser Dios. Esta situación puede deberse –al menos- a dos variables. Una variable cuantitativa, consistente en el creciente número de casos de corrupción, o a una variable cualitativa, expresada en una moderna forma de hacer periodismo, asentada en la manera conducente y a veces temeraria, de formar opinión. Lo cierto es, que sea una u otra variable o ambas, ello sería motivo de un interesante estudio, difícil de abordar en toda su extensión en estas cortas líneas, pero, sin duda, por lo inquietante y apremiante de la temática, nos hemos permitido realizar las reflexiones que siguen.
Debido a que los tiempos mediáticos son más expeditos que los tiempos procesales, las actuaciones judiciales realizadas en casos sensitivos pasan, primero, por el tamiz de los medios de comunicación y, posteriormente, si es el caso, por los mecanismos procesales de revisión. Esta situación puede originar que los jueces se aparten de su conciencia y su razón por temor a las constantes arremetidas mediáticas de la que son objeto por sus decisiones. Ello genera una adulteración del sistema de administración de justicia por las tendenciosas demostraciones televisivas al estilo del antiguo Coliseo Romano, donde algunos periodistas actúan como cocodrilos o “jabalíes con cuernos” sobre gladiadores de fuerzas y posibilidades muy limitadas. Por ello, en otras ocasiones he recriminado con mucha vehemencia el hecho que el acusado, aunque absuelto en la corte, sufre en carne propia la condena moral impuesta por el amarillismo o por el sensacionalismo de los juicios mediáticos; la que por demás, llevará consigo toda la vida. Juan XXIII en una ocasión dijo: “rezo por los periodistas que a veces juzgan y se meten a profetas, en lugar de limitarse a ser cronistas de la realidad”TEN OS MEDIOS﷽opinio de su funciñon social de informar a la sociedad.rmaci miedo a la exposici.
Sin embargo; no sería justo dejar de reconocer que en este guión, participan, también, partes, abogados y hasta operadores judiciales que con frecuencia se presentan en los noticieros y programas televisivos, ventilando interioridades de un proceso; por encima de la prudencia, el sentido de rectitud y la ética profesional que norma exponer tales asuntos en las instancias correspondientes. Como abogado, no quisiera dejar de realizar una autocrítica a nuestro gremio por el cada vez más creciente número de colegas que eligen navegar por los océanos de antiética y seducirse por la excitación que viven las famosas personalidades y estrellas cinematográficas frente las cámaras televisivas. Bien lo dijo Calamandrei en “quien fue el autor de la expresión cobarde y plebeya habent sua sidera lites [también las Litis tienen sus estrellas], mediante la cual, bajo decoroso manto latino, se quiere significar en realidad que la justicia es un juego que no debe tomarse en serio? La inventó seguramente un profesional sin escrúpulos ni entusiasmo que quería con ello justificar todas las negligencias, adormecer todos los remordimientos, evitar las fatigas”.
Las decisiones de los jueces deben estar cargadas de un contenido de justicia material y no deben estar condicionadas, más que al derecho y la razón. Los medios de comunicación deben abstenerse de ejercer mecanismos de presión sobre los operadores de justicia, para evitar que las decisiones judiciales sean secuestradas por el miedo a una exposición mediática. Es innegable que detrás de algunos medios de comunicación navegan grandes intereses económicos y políticos que buscan homogenizar la opinión pública creando una ilusión de aprobación o rechazo que finalmente puede conducir, motivar o condicionar la decisión del juez, por temor a sacudir el polvo de los titulares de noticieros y medios impresos.
Los medios también deben comprender que la garantía constitucional de presunción de inocencia demanda un cuidado y prudencia en el manejo de la información y que solamente un veredicto judicial condenatorio es el único mecanismo formal para destruir dicha presunción; mientras tanto, el acusado debe ser tratado con la dignidad que demanda su condición de ser humano y la ética en el ejercicio del periodismo.
Abogado