Periodistas piratas
El artículo 2 de la Ley 67 del 19 de septiembre de 1978, que reglamentaba el ejercicio de la profesión de periodista en la República de Panamá, señalaba: "se reconocerá la idoneidad de periodista a la persona que ostente el correspondiente título académico (Licenciatura en Comunicación Social o equivalente) conferido por una universidad del país o por universidades del exterior y revalidados en la Universidad de Panamá; o compruebe el ejercicio continuo del periodismo en un lapso no menor de cinco (5) años anteriores a la vigencia de esa ley; o al momento de la vigencia de esa ley tuviese tres (3) años continuos o más ejerciendo la profesión de periodista y continúe laborando profesionalmente hasta cumplir los cinco (5) años".
¿Qué había de malo en el contenido de ese artículo? En el año 2005, Martín Torrijos, presidente de la República, deroga la ley sin contemplación alguna y deja la profesión del periodismo a libre albedrío. Desde ese momento, el periodismo se ha convertido en una profesión prostituida, en la que personas que, con solo una licencia de locutor, otorgada por la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (Asep), ya creen tener el derecho de hacer periodismo en los medios de comunicación.
Hasta el momento, la Asep ha expedido más 9,500 licencias de locutor a personas que quizás no sepan dirigirse al público de manera correcta. Sin embargo, muchas de ellas, de alguna u otra manera, han tenido la oportunidad de llegar a un medio de comunicación radial o televisivo haciéndose llamar periodistas. Abogados, médicos, ingenieros y todo tipo de profesionales que no tienen la mínima idea de cómo se hace periodismo son los piratas más frecuentes en el periodismo panameño.
En Panamá, no existe una ley que regule esta profesión y que brinde al periodista su idoneidad, pero más que eso, respeto y dignidad. En reiteradas ocasiones, la opinión pública ha cuestionado la posición de algunos mal llamados periodistas que emiten comentarios subjetivos sobre un hecho, poniendo primero su punto de vista particular y no necesariamente la objetividad como principio fundamental del periodismo. En cierto modo, estas personas le llaman a esto "libertad de expresión", ¿pero dónde quedó la investigación periodística? Es decir, ¿no debemos estar seguros de los hechos para publicar o difundir?
Muchos han sido los esfuerzos de los organismos periodísticos en nuestro país para lograr implementar una ley que identifique al periodismo como una profesión idónea, en la que los que la ejerzan tengan los estudios, la experiencia y la vocación. No hay duda de que estos invariables conceptos no los practicará por oficio cualquier persona que no sea un periodista de profesión y convicción.
Hasta el momento, pareciera que a nadie le importan los estudios y sacrificios que los estudiantes de las escuelas de periodismo de las universidades públicas y privadas hacen durante sus cinco años de carrera. Lo que sí percibo es que al periodista que está trabajando para un medio de comunicación, poco le importa si se están cumpliendo con sus derechos como trabajadores de una empresa de comunicación. Los medios de comunicación social requieren de profesionales con capacidades intelectuales suficientes para desarrollar un periodismo de calidad. Por lo tanto, si no se logra darles la idoneidad a los periodistas, para que su profesión no sea invadida por los piratas del periodismo, entonces, en el futuro las universidades se van a ver obligadas a cerrar las escuelas de periodismo.
Periodista