Efectos de la alianza 'Martinelli-Varela'
Un día como hoy, hace 9 años (2009-2018), se fundó la Alianza Política "Martinelli-Varela", conformada por los partidos Cambio Democrático y Panameñista. El acto tuvo lugar en la residencia oficial de la Embajada de los Estados Unidos de América en Panamá. La entonces embajadora Bárbara Stevenson fungió como anfitriona de aquel histórico encuentro político, en el que surgió la nómina presidencial de la candidatura de Ricardo Martinelli Berrocal para presidente y Juan Carlos Varela, vicepresidente, para el periodo (2009-2014).
Ricardo Martinelli fue electo presidente de la República, junto a Juan Carlos Varela, vicepresidente. Desde el 1 de julio de 2009 hasta el 30 de agosto de 2011, Varela se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores, fecha en que fue destituido por el presidente Martinelli a través de su cuenta de Twitter, lo que, a su vez, motivó el rompimiento de la alianza política formada por Martinelli y Varela.
Después de una animada escenificación de intrigas y de matraqueos politiqueros, en las elecciones nacionales del 4 de mayo de 2014, Juan Carlos Varela, candidato a la presidencia por el Partido Panameñista y el Partido Popular, resulta triunfador, y juramentado después como presidente de la República para el periodo (2014-2019). Ni por su formación política ni por las condiciones ambientales que determinaron su ascenso al poder, Varela era el gobernante capaz de darle al país el vuelco histórico que estaba reclamando.
En otros escritos hemos señalado las condiciones subjetivas de Juan Carlos Varela, su mayor o menor inclinación personal a las fórmulas tradicionales de gobierno, es materia en el que el psicólogo puede recrearse, pero no quien trate de hallarle una explicación racional al proceso histórico.
Terminado el periodo presidencial de Martinelli, el pueblo desesperanzado, no fue más allá de esperar el supuesto estilo de gobernar del nuevo inquilino del Palacio de las Garzas; y de hacerse engañar por las muchas promesas de la campaña política. Juan Carlos Varela orientó sus primeros pasos en el gobierno hacia la continuación del viejo orden de cosas.
El nuevo presidente, en sus intervenciones ocasionales por doquier, dentro de los cuarteles de la Fuerza Pública, hizo profesión de fe en la Policía Nacional y en los estamentos de Seguridad Nacional, defraudando las expectativas de un pueblo civilista por vocación democrática. En los puestos clave del Estado ha mantenido, con algunas excepciones, a los mismos elencos que habían dado vuelta a la noria del mando –que no de gobierno— durante los cinco años precedentes.
El ansia colectiva de una auténtica vida democrática y la realización de la mayor justa consigna de "liquidar al martinellismo" no encontraron cauce en los partidos políticos democráticos ni en los sindicatos obreros ni en las organizaciones magisteriales, que de inmediato comenzaron a sumarse directa o indirectamente al estilo del nuevo mandón. De esta forma se malogró la esperanza de reforma institucional, sobre todo en aplicar "justicia igual para todos", y mejorar la educación y la salud de la población.
Después de 3 años y medio (2014-2017) de desgobierno, el pueblo consciente de la realidad del régimen de mando personal de Juan Carlos Varela, su hipocresía, egoísmo, lentitud, falta de carácter para ejercer con gravedad su alto cargo, se encuentra más desorientado e indefenso que antes. ¡El triste, penoso legado del régimen Varela al pueblo y a la historia nacional está a la vista de todos!
Pedagogo, escritor, diplomático.