Diógenes de la Rosa, en el recuerdo
En estos días próximos a cumplirse un aniversario más del natalicio de ese gran intelectual que fue el doctor Diógenes de la Rosa, meditando en su valiosa amistad que me brindó durante varias décadas hasta al inicio del presente siglo, se extinguieron lamentablemente sus signos vitales, no obstante, cuando nuestra República esperaba mucho más de su rico talento e inteligencia. Fue un distinguido habitante que nació el 26 de enero de 1904, en los albores de nuestra separación de Colombia (3 de noviembre de 1903), con el honroso calificativo por sus grandes atributos intelectuales y orientadores de nuestro devenir histórico.
Reconocido por el profesor Rodrigo Miró como el panameño que dejó su saber en numerosas instituciones del Estado, hijo de aquel que sintió nostalgia por la Patria, tenía razones suficientes como historiador y amigo de su generación, quien más sino él que podría dar fe de su testimonio, cuando le dedicó un escrito en el aniversario de su nacimiento, celebrado a los 90 años y transcurridos 4 años la Universidad de Panamá, en su Paraninfo y con la rúbrica de sus máximas autoridades, le otorgó el Premio al máximo intelectual de ese año, merecedor sin duda y que tuve el honor de escuchar al Licdo. Eligio Salas, exrector de esa Alta Casa de Estudios en un enjundioso discurso, dedicado para la ocasión en que resaltó los méritos del homenajeado con estas palabras: "El que sabe sabe vivir".
Séame permitida una anécdota oportuna citada por Salas en este acto en el sentido cuando en uno de los encuentros de temporada de verano que acostumbra realizar la Universidad de Panamá en que se invitaba expositores de otras latitudes, Hugo Víctor, distinguido ingeniero y educador de todo mi aprecio, se puso de pie para formularle al doctor de la Rosa la pregunta ¿es Ud. marxista o no? Como era de esperarse en un hombre de tanta capacidad intelectual, Diógenes se limitó a contestarle: "No lo sé".
También Salas destacó este principio socrático de respuesta de Diógenes. No me cansaré de repetir que Diógenes de la Rosa, ciertamente, me tendió la mano cuando las autoridades zoneítas me impidieron en adelante continuar residiendo con mis padres en Paraíso que ha pasado a ser área revertida. Allí, con él en un modesto despacho de la Presidencia de la República, me nutrí de su saber y puedo dar fe de que no sufrió de vértigo en ningún momento de aquel periodo presidencial de don Ernesto de la Guardia que ha pasado a la historia al lado de los grandes estadistas que ha tenido nuestro país.
Los rectores de la educación panameña no deben olvidar a este insigne intelectual y patriota.
Abogado y periodista.