En la Senda del Quijote
Una muy célebre frase de la Biblia de la lengua española, nos espeta don Miguel de Cervantes y Saavedra, durante esas francas conversas entre Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, que da al blanco, en su mero centro, de nuestra columna de hoy: "Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno". Nos obsequia la pluma del laureado odontólogo y escritor, Dr. Manuel Cambra, a 517 páginas, bajo el sello de la Editorial Libertad Ciudadana, quien se especializa en la publicación de libros sobre nosotros, los panameños, sobre nuestra historia y nuestra realidad política y ciudadana, con énfasis en las aspiraciones nacionales, de democracia, justicia y libertad, un tomo preñado de las vivencias del mejor presidente de nuestra historia. Este miércoles 24 de enero, en el magno salón de eventos del Tribunal Electoral, se vitoreó, ante la presencia de una especialmente prestigiosa y muy escogida audiencia, la presentación del compendio "En la Senda del Quijote", biografía de ese gran soñador, Guillermo Endara Galimany. En mi epístola del diario La Estrella de Panamá, fechada el 29 de septiembre de 2009, titulada "Mi Presidente Endara", despidiendo al insigne mandatario, recalqué: "Hasta luego, 'Cuchungo'. La nación panameña agradece tu privativo amor por este terruño que servirá siempre de ejemplo a generaciones de compatriotas. Nuestra familia despide a otro peñón de Gibraltar. Gracias por tu distintivo ejemplo que nos hará cantar por siempre y con especial ahínco ese ¡Alcanzamos por fin la victoria!".
Olga de Obaldía, directora ejecutiva de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, toma el podio posterior a la introducción por el maestro de ceremonias, recalcando la grave necesidad y el vacío que llena su empeño, en la publicación de obras, como esta, que debe servir como guía, de norte a una nación panameña sin rumbo fijo en el Sodoma y Gomorra de la corrupción, de sus Panama Papers y de una clase política que poco le importa con el bien común para que de su seno broten hombres buenos, porque somos la mayoría, que asgan la batuta de la nación istmeña. Acto seguido, el brillante jovenzuelo y nieto, estudioso de las leyes, perennemente sonreído y lozana gota de su antecesor, Javier Yap Endara, nos brinda una sinopsis de su íntima relación con esa estrella que le mima, le consiente y le sella su estampa. Disciplinado teniente con todas las virtudes para, en su momento, prestar sus servicios al pueblo panameño.
Enaltece la memoria del mandatario, con su selecto verbo y acentuado ímpetu, don Rubén Castillo Gill, quien, ante la grave esterilidad del ambiente político, por décadas huérfano de sano liderazgo, destaca meticulosamente las cualidades y el don de gentes de "Cuchungo", sobremanera su fecundo amor a la patria, a la que sirve sin condiciones en su más difícil capítulo. El librito de Rubén, cuyo verbo absorbo desde aquellos tiempos que bien lideró Apede, resalta: "Si no cumplimos con nuestro deber, seremos cómplices de prácticas que anulan esperanzas, destruyen ilusiones e hipotecan el futuro de la nación". No aburre la extendida ora, las palabras de Roberto Alfaro, su ministro de Comercio e Industrias, otro baluarte apediano y caro amigo, con sus canosos relatos íntimos de las sesiones de Gabinete, que nos permiten admirar desde un diverso prisma, el arte de gobernar con alma. Como si fuera ayer, recuerdo haberle conocido, frisando lozanos 9 abriles, cuando asistió al cumpleaños de mi madre, Mercedes, en la quinta "La Garita" de Chepo, en momentos que cortejaba a mi hermosísima prima hermana Marcela, acompañándonos a un refrescante baño en el augusto río Mamoní. Un año después, tras bambalinas, observaba su flechazo hecho realidad durante su compromiso matrimonial celebrado en nuestra residencia bellavistina. ¡Honrar honra! Gracias, Marcelita, por el convite.