Consensos y disensos - humildad y soberbia

Por: Redacción 02/02/2018

 

Lo ocurrido, recientemente, en la Asamblea Nacional, en donde más de las dos terceras partes de los diputados, a través de su negativa a aprobar la designación hecha por el Ejecutivo que hace el presidente Juan Carlos Varela, de dos damas para que ocuparan los cargos de magistrada de la Corte Suprema de Justicia, una para la Sala Penal y otra para la Sala Civil, merece ser analizado con rigor profundo. Es el caso señalar que, aun cuando el presidente de la República, luego del rechazo por la Asamblea de esas dos designaciones, haya expresado que todo fue con motivo de intereses o móviles políticos, lo cierto es que el mote de que hubo "motivaciones políticas", solamente se le puede atribuir al Ejecutivo y a todo el Consejo de Gabinete, pues todos secundaron esas designaciones. Y decimos esto en razón de que, desde hacía más de un mes y medio, era manifiesto, por demás que evidente, el rechazo del pueblo panameño de la propuesta del Ejecutivo, rechazo que se hizo patente en todos los medios de comunicación social. Amén de que las redes sociales fueron infestadas de cuanto reproche se le ocurrió al pueblo panameño. Sin embargo, hubo mucha terquedad y obcecación. Nadie tomó en consideración, por parte del Gobierno, esa gran repulsa social que más que contener el absoluto rechazo hacia dos damas o compatriotas de nuestro país, creo que lo que realmente hubo de fondo es que todo lo que huela o se parezca al Gobierno Nacional que nos rige, simplemente el pueblo panameño presenta u objeta los descalificativos del rechazo o el menosprecio.

En mis largos años de existencia, a través de todos estos años de vida que el Señor me ha permitido vivir, y espero en Dios que pueda vivir muchos más, he podido constatar que cuando el pueblo solo recibe de sus gobernantes desplantes y malquerencias, este tiende a desarrollar o a desplegar su más poderosa arma, cual es su desprecio o su rechazo, con razón o sin ella, de todo lo que haga el gobernante, sea para bien o sea para mal, simplemente no lo quieren. En el caso específico de las dos designaciones, no solamente se evidenció un rechazo total del pueblo panameño, sino que además había razones de peso para ello. Tal es el caso de la falta de preparación jurídica que evidenció una de las ponderadas para el cargo momentos de ser interrogada por la diputada Zulay Rodríguez en la Comisión de Credenciales. Un distinguidísimo y muy querido Prof. de Derecho y Maestro de Generaciones, dentro de las cuales me encuentro yo, llegó a ponderar la idea de que ningún abogado se sabía ningún código de memoria. Debo expresar que le asiste la razón. No es posible memorizar, como quien recita un poema, todo el articulado de un código, pero lo que sí es posible es que el buen abogado conozca la naturaleza de las instituciones jurídicas, sea de la materia que fuere. Por ejemplo, sobre el recurso extraordinario de casación, todo abogado sabe, perfectamente, que dicho recurso se mueve dentro de una clasificación de causales sobre el fondo o causales en la forma. Esto no resultaba difícil ser contestado dado que es materia obligada a impartir en los cursos del Derecho Procesal Civil en las universidades. El buen abogado conoce, del mismo modo, lo concerniente a la clasificación de los recursos legales, los términos en que deben ser interpuestos. Tampoco, si ha litigado, se excluye de haber presentado acciones de amparos de garantías constitucionales o haber gestionado demandas de "habeas corpus".

Pero volviendo al tema. El rechazo social a las designaciones deviene en un mensaje que fue claramente enviado a los diputados del hemiciclo panameño. El mismo traduce una muestra clara de que la voluntad del soberano -y entiéndase como soberano al pueblo panameño- es la que finalmente, en el orden de las cosas políticas, termina definiendo el destino de una nación. Y así ha sido demostrado a través de la historia. Ilustro: Cuentan que estaba el estadista austriaco, Klemens Von Metternich, debatiendo sobre estrategias de guerra con Napoleón Bonaparte, cuando este le gritó: "¡Con bayonetas puede hacerse de todo!". A lo que Metternich respondió con frialdad: "Todo, señor, menos sentarse encima". No hay variable alguna. ¡El pueblo es el pueblo!

El presidente Juan Carlos Varela y su Gabinete son los dueños exclusivos de ese rotundo fracaso político, pero ojalá pueda entender, como ciudadano amante de mi país, señor presidente, deseando que en la nación todo marche bien, confieso que me preocupa el estado de cosas y situación actual de la patria. Mire bien, reflexione. Aconsejo modestamente: No imponga, proponga; humildad antes que soberbia; sencillez antes que vanidad; sentido común antes que decisiones inconsultas, consensos antes que disensos.

Abogado.