¡Libertad, paz, democracia!

Por: Redacción 12/02/2018

Apreciar cabalmente lo que hicimos en el pasado para conquistar una personalidad colectiva digna y respetada en el mundo, lo que seguimos y debemos continuar haciendo para mantenerla sin deformaciones que la disminuyan o ensombrezcan en su pura ejecutoria; patriótica, y en el más alto grado, es toda tarea que nos permite adquirir plena noción de las fuerzas morales y materiales que debemos acrecentar de modo incesante para sentirnos seguros de nuestro presente y de nuestro mañana, dueños de nuestro destino, artífices conscientes de nuestro quehacer histórico al servicio de la nación, de las comunidades hermanas de América, de los pueblos libres de la tierra.

Al decir pueblos libres queremos darle a este concepto el mayor énfasis, puesto que solo en un clima de libertad podrá nuestro periodismo técnico, al igual que la prensa informativa y toda otra clase de expresión del pensamiento y de difusión de la cultura, el saber y el de sentir de los hombres y mujeres, continuar realizando su magno cometido. Esto no debemos olvidarlo en instante alguno. El ideal inspirador de la Revolución norteamericana se identifica, sin embargo, con el de la rebelión de las colonias hispanas, y la epopeya libertadora de aquel país fue una de las influencias decisivas que gravitaron sobre esta última.

Nada, ni el rigor de la fuerza de los déspotas, ni el canto de sirena de los demagogos, ni las tácticas sutiles de la mentira, del halago y de la corrupción, deben hacernos apartar de nuestra recta senda ni enajenar o siquiera comprometer en lo más mínimo el bien precioso de la libertad ejercida responsablemente, es decir, sin hacerla degenerar en libertinaje. Los que son capaces de emplearla mal son los mejores aliados de los que la niegan, y a quienes así puedan proceder, no los queremos en nuestras filas, tanto como a los que no comparten lealmente nuestros principios.

La democracia nació en estas tierras con la independencia de nuestros países, y aun antes de que lograran la emancipación política la practicaban en la vida colonial a través de los cabildos y las instituciones municipales. Histórica e instintivamente, los pueblos americanos fueron y son democráticos. Por tal motivo, las constituciones con las cuales se organizaron no fueron creaciones facticias de ideólogos y teóricos. Fueron un fruto natural de su modo de sentir, una expresión veraz de su voluntad, no importa los dolorosos avatares de sus primeros años de vida independiente, los sangrientos periodos de luchas fratricidas, de caudillismo insurgente, de anarquía que la mayor parte de ellos conocieron. No importan, tampoco, las desviaciones que en nuestros propios días siguen registrándose.

La defensa de la libertad y las instituciones representativas constituye el medio para que la voluntad de nuestros pueblos logre una gravitación efectiva y permanente en la vida continental. El Nuevo Mundo nació para ser libre; también nació para mantenerse unido, como requisito para el cumplimiento de su misión. La libertad conquistada por nuestros antepasados nos corresponde a nosotros asegurarla y consolidarla.

Trabajamos por una paz basada en el arbitraje y el arreglo por negociaciones de las diferencias que surjan entre los Gobiernos. Una paz que consagre para los ciudadanos el goce de sus derechos esenciales y que ofrezca a todas las comunidades nacionales y los individuos que la componen una efectiva seguridad económica y social.

Pedagogo, escritor, diplomático.