Hospital de penurias
El Dr. Manuel Amador Guerrero es considerado un personaje de la historia panameña que participó activamente en el movimiento separatista del 3 de Noviembre de 1903, cuando nos separamos de la Gran Colombia. Este hombre, siendo un activista, también tenía como profesión ser doctor y fue un hombre influyente de la época al inaugurar el complejo hospitalario el 31 de mayo de 1937.
Este complejo se construyó con la intención de brindar ayuda a la población colonense. Hasta nuestros días contamos con esta obra renovada hasta en un nuevo lugar, pero manteniendo el mismo nombre. Si sabemos cuál es la función de este complejo y que no es un lugar donde las personas desean ingresar por lo lindo de su infraestructura; por la comodidad de sus habitaciones, sus exquisitas comidas o simplemente por temor a contraer alguna bacteria.
Me hago múltiples preguntas. Si en este lugar las personas no queremos estar, mucho menos deseamos ser tratados como animales. Hoy día es un calvario acudir a este centro, tanto para el paciente enfermo como para los familiares. Todo es una total burocracia; si no tienes sangre, no te operan. Si vas al banco de sangre, las personas no pasan las pruebas que le piden. Si no hay insumos, te envían a casa.
No tienen camas, no contamos con medicamentos ni siquiera con la tan conocida acetaminofén. Tanto doctores como enfermeras, auxiliares de enfermería y secretarias, todos tienen una mala actitud. Como familiar del enfermo no son capaces de informarte la condición de tu familiar, se pasan horas en espera de una respuesta o un simple "joven, todo salió bien", pero no tienen la cortesía de acercarse para informar el estado del enfermo.
¡Dios! Hasta dónde estamos llegando, o es que los doctores tendrán un alto coeficiente intelectual y todos los demás estamos por de bajo de ellos, que nos tratan como basura.
Pero esto solo acontece en las clínicas populares donde asisten las personas de bajos recursos y el que no puede pagar un mejor trato por parte de estos galenos.
Ya sabemos, estos hombres y mujeres que hacen un juramento al graduarse, al parecer, se les olvida su ética, pierden todo sentido de humanidad como el respeto hacia los demás.
Esto solo le pasa al necesitado paciente de bajos recursos, ya que si vamos a una clínica privada, te atienden con todas las extras. Hasta cuándo el pueblo debe vivir estos malos tratos. Será que debemos privatizar estos centros para que cambie la atención y seamos tratados como personas y no como animales en un matadero. No queremos que nos tiren en una cama y ser su conejillo de Indias a ver qué puedo hacer y medicar lo que me parece, y la respuesta más sencilla: si no sé que tienes, te mando a casa, mejórate allá o muérete. Que conste, los doctores nunca serán culpables de una muerte, ya que solo dirán le dio un paro y ¡pufff!, voló.
En este hospital de la provincia de Colón para lograr ser escuchado y tener una atención debes gritar, insultar, ofender para que reaccionen o te llaman la policía o simplemente te ayudan porque no tienen más remedio. A nadie le gusta ir al hospital de pasantía y disfrutar su estadía. Por amor de Dios, comprendan, la comunicación y el buen trato marcan la diferencia. Hagamos nuestros trabajos con el alma entregando alma, vida y corazón. Tratan con gente de carne y hueso, que siente y que acude para buscar alivio a su enfermedad y ustedes son los indicados para prestar este servicio, sin los enfermos no tienen trabajo. Agoten todas las alternativas antes de tomar decisiones que afectan no solo al enfermo, sino también a su familiar. Recuerden que muchos de los que asistimos a estos centros también somos capaces de analizar y somos profesionales en otras áreas y, por consiguiente, no dejaremos que hagan lo que ustedes quieran, sino que con mucha educación los confrontaremos y pelearemos nuestros derechos.
Educadora